México, un país en vías de desarrollo, se adjudicó los XIX Juegos con un argumento simple: si los Juegos son una oportunidad para generar beneficios sociales y económicos, además de inversiones, qué mejor que llevarlos a cabo en un país que está en vías de crecimiento.
Ciudad de México instaló también la polémica en la sociedad médica olímpica. Al ser una ciudad ubicada a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar, se temió por la integridad física de los atletas, aunque tras el final de los Juegos quedó demostrado que no hubieron más que problemas corrientes.
En estos Juegos, dos atletas norteamericanos protestaron contra el racismo que sufrían en su país. Tom Smith y John Carlos, primer y tercer lugar en los 200 metros, levantaron sus puños desafiantes, símbolo del Poder Negro, mientras se entonaba el himno de Estados Unidos en su premiación.
Los Juegos de 1968 pasaron a la historia como la primera vez que un atleta fue descalificado por un caso de dopaje: se trató del pentatleta moderno sueco Hans-Gunnar Liljenwall, quien dio positivo por alcohol.