9 de septiembre de 2008
La insólita frase corresponde al ex tenimesista inglés Matthew Syed, en un reportaje sobre el sexo en las villas olímpicas.

Mucho se habla del espíritu olímpico durante la disputa de unos Juegos, pero el ex tenimesista inglés Matthew Syed le otorgó un nuevo cariz al ambiente que se vive en las Olimpiadas, señalando que el sexo es un elemento dominante en las villas olímpicas.
En un reportaje del diario Times, Syed cuenta su experiencia cuando participó en los Juegos de Barcelona 1992, recalcando que la cita fue más que deporte.
"Participé en mis primeros Juegos Olímpicos en Barcelona 1992 y tuve más relaciones en esas dos semanas y media que durante toda mi vida hasta esa fecha", así comienza su artículo titulado Sex and the Olympic city (Sexo en la Villa Olímpica).
La medalla de oro no es sólo el camino a la fama y la fortuna, sino también un boleto para tener un número importante de relaciones sexuales, asegura el ex deportista.
Syed, en todo caso, señala una explicación a esta relación, y apunta a la tensión que acumulan los deportistas que compiten en los Juegos, así como la atracción que sienten entre ellos. Además, relata, a modo de anécdota graciosa, que en Beijing se regalaron preservativos a los deportistas, así como en Seúl 1988 se prohibió tener sexo en una de las azoteas de la villa por estar siempre llena de condones.
"La medalla de oro no es sólo el camino a la fama y la fortuna, sino también un billete para un revolcón", indica explicando el significado del éxito de un deportista en una cita así.
RELACIONES EXTRAMATRIMONIALES
El ex tenimesista también se refiere a las relaciones extramatrimoniales que se dan en la Villa Olímpica y que son conocidas por todos. "El antiguo dicho 'lo que pasa en el extranjero se queda en el extranjero' está vivito y coleando, y no sólo en lo que a deporte se refiere".
En cuanto al momento de poner fin a la competición, asegura que era el instante de descargar la tensión acumulada durante los días de participación. "Una vez habíamos sido eliminados de nuestras respectivas competiciones, nos lanzábamos contra el otro como esgrimistas suicidas", prosigue en su relato.