4 de noviembre de 2008
La banda liderada por Michael Stipe se presentó anoche en la primera jornada del festival SUE, donde interpretaron clásicos como Everybody Hurts y apoyaron la candidatura del demócrata Barack Obama.

Lo de anoche era un verdadero desafío. Por un lado, la consagración del SUE (Santiago Urbano Electrónico), un festival que partió en sus inicios como la contraparte chilena al conocido BUE (Buenos Aires Urbano Electrónico) pero que con el tiempo se ha convertido en una de las alternativas más esperadas de conciertos masivos pop rock en escenarios nacionales, y por otro, la demostración de que no sólo de estrellas olvidadas, desconocidas, nóveles o resucitadas puede vivir este concierto.
Porque lo que ayer se vivió en el Arena Movistar ante unas 10.000 personas fue la venida de una banda en su mejor momento: con disco nuevo, gira mundial y relevancia total en escenarios internacionales. R.E.M fue la vedette de la noche, aquella que encendió las pasiones y aunó en un mismo lugar a públicos de distintos estilos, generaciones y sexos.
La banda liderada desde 1980 por su vocalista Michel Stipe, quien es secundado desde aquellos años por la guitarra de Peter Buck y el bajo de Mike Mills, partió su presentación a eso de las 23 horas con una energizante inyección de sonidos con el tema Living Well Is the Best Revenge, de su última placa Accelerate (2008), que dio el puntapié inicial a las cerca de dos horas de presentación de los músicos, quienes se pasearon por sus nuevas composiciones y antiguos temas como It´s The End of The World As We Know It (And I Feel Fine), Imitation of Life -que recordaron fue su primer hit en llegar al número 1 en Japón- o Man on the Moon así como por otros clásicos que más que canciones parecieron himnos al ser entonados por cada uno de los asistentes al recinto capitalino, como sucedió con Everybody Hurts y Losing my Religion, dos momentos que hicieron emocionar hasta al más rudo seguidor de la banda.
Bajo un incesante pero a la vez sobrio juego de luces, la figura de Stipe, Mills y Buck parecía querer demostrar que pese a llevar casi tres décadas de carrera, ser unos de los mayores referentes del rock alternativo de los 90 y contar todos con más de 40 años sobre el cuerpo, es posible seguir parándose en el escenario más actuales que nunca, enarbolando como cuando jóvenes consignas políticas. Por eso, era de esperar su pronunciamiento frente a las elecciones presidenciales que hoy se desarrollarán en Estados Unidos, a través de un abierto apoyo a la campaña del candidato demócrata Barack Obama, sobre quien dijeron esperan sea el ganador para así "iniciar una nueva etapa" para su país, que dejaría atrás el mandato republicano del actual presidente George W. Bush.
Una noche que quedará marcada en el recuerdo de quienes asistieron al concierto de la banda que esta noche se presenta por segunda vez en nuestro país, teloneados en esta ocasión por los chilenos de The Ganjas y los escoceses de The Jesus and Mary Chain, quienes seguirán aportando al revival noventero que R.E.M. desplegó con una perfecta mezcla de carisma, talento y trayectoria.
LAS HORAS PREVIAS
Antes de que se presentara el plato fuerte de la noche, personificado en Stipe y compañía, apareció sobre el escenario del Arena Movistar las banda inglesa Kaiser Chiefs. Comandados por su vocalista, Ricky Wilson, la agrupación cumplió con lo esperado: buenas dosis de sonidos rock punk y la frenética actitud de su cantante, que bailó y saltó en todo momento.
Entonando sus más conocidos temas, como I Predict a Riot y Ruby, los británicos ofrecieron en poco más de 60 minutos una correcta presentación que dio paso a la actuación de la única de estas tres agrupaciones que visitaba por segunda vez Chile: The Mars Volta.
Los estadounidenses, que se habían presentado en el SUE del año 2005, ofrecieron en casi una hora de show, un recorrido por sus lisérgicos sonidos, mezcla de punk, rock, psicodelia y ritmos latinos. Liderados por el vocalista Cedric Bixler-Zavala y el guitarrista Omar Rodríguez-López, los músicos ofrecieron una presentación que logró uno de sus puntos más altos en la interpretación del baterista Thomas Pridgen, quien en ningún momento dejó de golpear los platillos con actitud desbocada, encendiendo la mecha de un concierto que sería luego coronado con los sonidos de R.E.M, en una noche que si de algo no se quedó corta fue de rock.