2 de noviembre de 2008
La presencia de Carlos Caszely como invitado de Los Miserables y una presentación de marcado tono político de Jorge González fueron algunas de las cumbres en la primera versión de Santiago Rock.
Las bandas empezaron a tocar a eso de las cinco y media de la tarde, pero Santiago Rock comenzó recién un par de horas después con Los Miserables y su fiesta de "alegría y subversión". Poco más de cuatro mil personas interrumpieron el letargo previo y decidieron acercarse al escenario para encender esta suerte de cumbre de rockeros chilenos que se realizó ayer en el recinto de Ñuñoa. Este encuentro de celebración de los 40 años del rock criollo y notable esfuerzo de producción que mereció más público.
Lo de Los Miserables fue corto, pero efectivo. Cuatro canciones (entre ellas El crack, una de las más coreada de la jornada) y un invitado que despertó a la galería: Carlos Caszely. Con el "rey del metro cuadrado" mostraron su nueva versión de El hincha, viejo éxito del ex seleccionado, y regalaron pelotas de fútbol instalando verdadero clima festivalero.
Más temprano, con más sol sobre las cabezas, tocaron los emergentes Uruz y Primavera de Praga. Sergio Lagos apareció luego con un show cada vez más sólido, pero todavía carente de canciones referenciales. Lo sucedió el grupo 1945 que fue sólo una anécdota y la confirmación de una presencia inexplicable, incluso para su cartel de "emergentes". Más tarde la cosa fue en serio. Los Miserables ya habían interrumpido la siesta y Jorge González trajo la contundencia con un concierto político, enrabiado y particularmente bueno.
El ex Prisionero, que fue recibido con el cántico de "ídolo", se las arregló para enviar un par de mensajes coyunturales: ("esta semana murió Ricardo Claro. Señora Bachelet, hable con el Papa. ¡A este hombre hay que canonizarlo!"), versionar a Víctor Jara (Te recuerdo Amanda) y Violeta Parra (Arauco tiene una pena, junto a Angel Parra de Los Tres) y llevar adelante una lista que partió con Ultraderecha y que tuvo un momento alto en la versión de Fe con invitados como Zaturno.
Fue una cumbre, uno de los puntos altos de la jornada, la mejor antesala para el hito que escondía este festival: el primer concierto de De Kiruza en 10 años. La banda de los hermanos Foncea tuvo poco más de 10 minutos, pero fue suficiente como para comprobar que todavía tiene mucho que decir. El mejor sonido de la noche y la vocación intacta por la música negra marcaron un show pulcro y definido por sus lecturas de Bakán y De kiruza.
Luego tocaron Los Tres, quienes lograron una bella postal junto a miembros de Los Jaivas para una bella versión de Mira niñita. Esa leyenda nacida en Viña del Mar cerraría la fiesta cerca de la medianoche, después de Francisca Valenzuela, De Saloon y Gonzalo Yáñez. Santiago tuvo rock, sólo faltó más gente.