25 de octubre de 2008
Poco menos de una hora duró todo el procedimiento, al que además asistieron el padre de la modelo y la madre del ex tenista. "Estoy tranquila", dijo "Kenita".
De pantalón negro, camisa blanca, corbata café y lentes oscuros llegó Marcelo Ríos a la audiencia preparatoria para finalizar su divorcio con María Eugenia Larraín. El ex tenista llegó en medio del acoso de la prensa a las 10. 45 horas y no hizo declaraciones al entrar al Cuarto Juzgado de Familia.
Una vez allí, esperó a ser escoltado por seguridad a la sala de espera donde se mantuvo acompañado por sus tres abogados.
A las 11.33 horas hizo su aparición Kenita Larraían, de chaqueta blanca y jeans, acompañada de su abogado. "Estoy tranquila", dijo la modelo y agregó que "vengo a cumplir con un trámite". Inmediatamente después, tanto los representantes legales como las partes entraron a la Primera Sala de Audiencias del tribunal. Originalmente estaba programada la Séptima, pero debido a la cantidad de periodistas, eso cambió. Al entrar, ni Ríos ni Larraín se saludaron.
Menos de una hora después, el divorcio fue declarado. Una fuente de la representación de Larraín aclara que "no hubo compensación económica para ella".
Minutos después de que comenzara la audiencia, por una puerta trasera, llegó Alicia Mayorga, la madre del ex tenista. Visiblemente afectada por las preguntas de los periodistas presentes, fue trasladada al descanso de los magistrados.
Luego de que la sala de espera fuera desalojada por segunda vez en el día, Mayorga regresó al área común con un vaso de agua en la mano y todavía dando señales de agitación.
Minutos más tarde, ingresó a declarar el padre de la modelo, Mario Larraín, que se mantuvo dentro de la sala por alrededor de 15 minutos. Acto seguido llegó el turno de Mayorga que declaró por espacio de 27 minutos.
Antes, mientras esperaba ser llamado a la sala, Ríos aprovechó de llamar por celular a su pareja, Paula Pavic, con la que estuvo conversando unos diez minutos. En la oportunidad aprovechó de relatar su episodio con la prensa en el ingreso y de paso ccomentar lo molesto que era esperar en un lugar "tan incomodo".