6 de noviembre de 2008
El arquitecto japonés más reconocido alrededor del mundo, presentó su plan para transformar la gran ciudad en espacio abierto que permita reducir el impacto del calentamiento global.

Museo de la Madera, de Tadao Ando
Tadao Ando, el arquitecto japonés más reconocido internacionalmente, tiene un plan para transformar Tokio, la mayor metrópolis de la tierra, en "una ciudad abierta" al mar y así reducir el impacto del calentamiento global, explicó hoy.
Desde el final de la II Guerra Mundial arquitectos como él han levantado a lo largo de la gran bahía de Tokio un imponente muro de hormigón de formas limpias y proporcionadas que aloja a una de las sociedades más avanzadas del planeta, pero que ha tapado la ventana de la ciudad al mar.
Ando, que como buen hijo de la ciudad de Osaka es alegre e incluso atropellado para el gusto tokiota, cree que es el momento de permitir que Tokio, cuya población supera los 30 millones de habitantes con su zona metropolitana, se relaje el nudo de la corbata y se dé un baño de aire fresco.
Este es su diagnóstico: "Sentimos que aquí la temperatura de la ciudad está subiendo, al igual que en Europa o Estados Unidos, y tenemos que enfrentarnos a este problema", declaró.
El maestro ha ideado un gran corredor verde que cruzará toda la ciudad como "cauce para la corriente de aire marino" que llega desde la bahía y que funcionará "gracias al Bosque en el Mar", el proyecto clave en el que se sustenta su plan.
En su cabeza está la construcción de un bosque de 88 hectáreas en medio de la bahía de Tokio, una gran puerta vegetal que permitirá al aire fresco penetrar en la metrópolis y que viajará a través de una cadena de parques y zonas verdes en un plazo de diez años.
Pero su plan va más allá, pues la idea de apertura no se queda en una mera descripción física de la fisonomía que desea para la ciudad.
Tadao Ando es miembro del comité de la candidatura olímpica de Tokio para sede de los Juegos Olímpicos de 2016 por la que compiten también Madrid, Río de Janeiro y Chicago y con su idea de apertura desea poner distancia con los recién celebrados en Pekín.
"En los Juegos de Pekín ha habido mucho control, se han controlado los medios de comunicación y las actividades", afirma.
"Los de Tokio deben ser unos juegos abiertos, que acepten a los medios, las ideas, el dinero y el conocimiento que lleguen desde todo el mundo", indica el autor de obras como la Iglesia de la Luz de Osaka o el centro comercial Omotesando Hills de Tokio.
A su juicio, la candidatura de Tokio tiene la ventaja de que Japón es "un país seguro", donde no hay "problemas de terrorismo".
Como todas las ciudades que participan en la carrera por convertirse en la sede de unos Juegos Olímpicos, los diseñadores de Tokio están planificando los equipamientos que la ciudad deberá presentar, un proceso que Ando también quiere hacer "abierto".
Los edificios y planes urbanísticos que darán carácter al futuro de la ciudad se decidirán "en concursos abiertos" en el que Ando será sólo "juez".
Su objetivo: "Hacer de Tokio un conjunto del conocimiento y la sabiduría de todo el mundo".
El maestro de arquitectos, que estos días ofrece charlas informales en la galería Ma de Tokio, sede de una exposición sobre sus obras más destacadas, tiene muy claros los beneficios del intercambio cultural.
De hecho, se mostró muy ilusionado de que el veterano arquitecto brasileño Oscar Niemeyer lo haya invitado a organizar una exposición en Brasil, un país "muy energético y dinámico", a diferencia de Japón, que es "muy sutil".
Sin embargo, también se declara muy consciente de la excepcionalidad cultural japonesa, una afirmación que su público recibe con asentimiento de aprobación, y de sus consecuencias para la arquitectura.
"Hay que mirar cómo es la gente de donde se ubica un edificio. Los japoneses, por ejemplo, obedecemos las indicaciones, pero en Corea o Taiwán las cosas no funcionan así, y esto debe ser tenido en cuenta a la hora de pensar cómo diseñar un espacio", explicó en una de las charlas.