28 de octubre de 2008
Ante un fiel público, la artista brasileña se presentó anoche homenajeando a grandes próceres de la música popular carioca como Tom Jobim, João Gilberto y Caetano Veloso.
Un espectáculo sobrio en cuanto a su puesta en escena y acompañamiento –sólo contó con un guitarrista a su lado-, pero que no necesitó de más. La cantante brasileña Gal Costa se presentó esta noche ante un Teatro Caupolicán a un tercio de su capacidad, pero con un público que alabó a la gran diva de la música carioca en todo momento.
Heredera directa del bossa nova de los 60, Gal Costa se paseó, con los más de 30 años de trayectoria en el cuerpo, con comodidad, carisma y un virtuosismo vocal que le permitió jugar con el público que coreó cada uno de sus temas, tanto los que la cantante popularizó a lo largo de su carrera como aquellos que pertenecen a la historia de la música popular carioca.
A este último grupo pertenece el que era anticipado como el plato fuerte de la noche, el homenaje al bossa nova y, específicamente, al compositor Tom Jobim, de quien la artista reversionó algunos de sus más conocidos temas como la universal Garota de Ipanema junto a otros igualmente famosos como Desafinado, Corcovado, Aquarela do Brasil y Chega de Saudade, considerada la primera canción de bossa nova de aquella historia que Costa celebró con este concierto en el que se festejaban los 50 años de dicho estilo musical.
De igual forma, Costa no dejó fuera de su repertorio temas de otros grandes próceres del bossa nova como João Gilberto, quien a lo largo de su carrera interpretó varios temas de Jobim como Chega de Saudade, y de su compañero de movimiento Tropicalismo, Caetano Veloso.
Una noche donde la potencia vocal y manejo del escenario de la artista bahiana quedaron demostrados en una visita más de la cantante a Chile, ante un público que sabía lo que quería y no salió decepcionado.