21 de octubre de 2008
Arte religioso, orfebrería y mosaicos son parte de la exposición con más de 300 piezas que se inaugura en la Royal Academy of Arts.

Un retrato de mujer pintado entre los años 55 y 70 D. C.
El extraordinario desarrollo del arte Bizantino, con íconos, orfebrería, mosaicos, pinturas y elementos religiosos, dan vida a una monumental muestra en la Royal Academy of Arts de Londres.
Aunque algunas de ellas, como los mosaicos del Monasterio de Santa Catalina, en Sinaí (Egipto), que representan la culminación de la pintura bizantina, no llegarían a Londres hoy, día de la presentación a la prensa, pero se confirmó que estarán en la exposición que se inicia el sábado.
Sinaí es especialmente interesante porque ha sido a lo largo de los siglos un importante centro de peregrinación: una monja española llamada Egeria visitó allí en el siglo IV el lugar donde, según la Biblia, Moisés se quitó las sandalias frente a la zarza ardiente, además del monte donde recibió las Tablas de la Ley.
Sus preciosos iconos escaparon al decreto iconoclasta del emperador León III, quien en el año 730 ordenó la destrucción de todas las imágenes que mostrasen a Jesús, María o los santos, gracias a que el monasterio de Santa Catalina había dejado de pertenecer al imperio bizantino a finales del siglo VII.
Bizancio fue el equivalente de una superpotencia de hoy pero en la Edad Media y sus emperadores, considerados como representantes de Cristo en la Tierra, eran figuras carismáticas. El imperio fue un polo importante de desarrollo de la cristiandad, y heredó parte del esplendor de los antiguos imperios griego y romano.
Su Iglesia se presentaba a sí misma como guardiana de la ortodoxia religiosa y unos embajadores que visitaron Santa Sofía en el año 987 D.C. confesaron, llenos de admiración, no saber si se encontraban "en el cielo o en la tierra".
Los comisarios de "Bizantium 330-1453", el nombre de la muestra que estará abierta al público hasta el 22 de marzo, han logrado reunir más de 340 piezas, que incluyen además esmaltes, tapices, candelabros, relicarios y objetos de uso doméstico de distintas colecciones, desde el Tesoro de San Marcos de Venecia hasta Rusia, Ucrania, Alemania o incluso Estados Unidos.
La exposición documenta el desarrollo del arte bizantino en todas sus manifestaciones desde la fundación de Constantinopla (actual Estambul) por el emperador Constantino el Grande, hasta la caída de la ciudad a manos de los turcos otomanos en 1453.
Analiza la gran influencia que ejercieron ese arte y su iconografía religiosa sobre las iglesias ortodoxas y no ortodoxas del Este como la de Armenia, la copta o la nestoriana.
Ordenada cronológicamente, explora los orígenes de Bizancio, los reinados de Constantino y Justiniano, caracterizado este último por una extraordinaria energía política y artística; el movimiento iconoclasta y la resurrección artística que vivió el imperio una vez pasado ese período destructor.
Asimismo estudia la fuerte influencia que ejerció el arte bizantino en el primer Renacimiento italiano.
Giorgio Vasari, pintor, arquitecto y biógrafo de los artistas renacentistas, se refirió a esa influencia cuando escribió de Cimabue que imitó a los "artistas griegos que vinieron a Florencia, pero mejoró su arte y lo elevó por encima del nivel que aquellos habían alcanzado".
Entre 1204 y 1261, Constantinopla estuvo en manos de los cruzados latinos, pero el retorno de los emperadores bizantinos impulsó un período final de gran diversidad artística como se refleja en el arte no sólo de la capital sino también de Rusia y los Balcanes y en los preciosos manuscritos miniados, los micromosaicos y trabajos en metal.
La exposición de la Royal Academy no se limita, sin embargo, a los esplendores de la corte y al arte religioso, sino que documenta también aspectos más prosaicos de la vida doméstica en Bizancio a través de una serie de objetos de uso cotidiano como cerámica, cubertería o calzado, entre otros.