2 de octubre de 2008
En "Las armas de ayer", editado en Chile por La Tercera-Debate, el autor incluye su mirada sobre las últimas horas de Allende por petición de Gabriel García Márquez.

Max Marambio, quien con su libro Las armas de ayer narró su participación en la defensa de la Embajada de Cuba entre los años 1973 y 74, dijo hoy en España que se considera parte de quienes creen que el ex presidente era "un personaje tibio, dubitativo y reformista", pero que la experiencia del libro le permitió reconstruir su imagen del fallecido presidente.
Marambio se encuentra en Madrid presentando la edición española de su libro, que ya va por la quinta edición en Chile (lanzado por Editorial La Tercera-Debate) y que fue prologado por Gabriel García Márquez, quien le sugirió que incluyera un capítulo sobre las últimas horas de Allende, y que escribiera lo que recordaba "con las tripas".
"García Marquez lo vio como una necesidad histórica y literaria", explica Marambio, que a medida que trabajaba en el nuevo capítulo se dio cuenta de que su análisis sobre Allende había cambiado.
"Cuando lo miras con el peso de la Historia, te das cuenta de que fue un personaje enorme, muy importante, que va a crecer cada día más (...). Ningún actor secundario estuvo a su altura", afirma Marambio, quien destaca que el fallecido presidente "fue consecuente hasta la muerte con las ideas a las que fue siempre fiel".
También lo caracteriza como "un hombre complejo, que tenía los modos de la clase alta, y un lado frívolo increible, maravilloso (...), que le hizo sentirse contrariado por no poder ponerse la ropa que quería el día que sabía que iba a morir en La Moneda".
"Sin embargo, fue un hombre que nunca tuvo vacilación" y que tuvo la convicción de que suicidándose en su despacho, después de ordenar a sus colaboradores más cercanos que abandonaran el palacio presidencial, "se iba a parar una matanza", destaca el autor.
Marambio no estuvo aquel 11 de septiembre en La Moneda, porque ya no formaba parte de la escolta de Allende, pero se encargó de defender la embajada de Cuba y conseguir que las armas abandonadas por los cubanos fueran entregadas a la resistencia.
Allí pasó 10 meses, hasta que logró exiliarse en Suecia, donde estuvo seis meses hasta que volvió a Cuba y formó parte de las Tropas Especiales con el grado de teniente coronel, participando en misiones "internacionalistas", especialmente en Africa.
Cerró así el círculo que había comenzado en 1966, cuando viajó a Cuba para estudiar y terminó entrenándose como guerrillero bajo la atenta mirada de Fidel Castro, con quien le une desde entonces una estrecha relación marcada por el afecto y el cariño.
"A Fidel empecé admirándolo tremendamente, siendo muy niño, y con los años lo he ido conociendo y he ido queriéndolo en una lógica personal de amistad, que se mantiene hasta nuestros días", dice.
Marambio asegura que cuando habla con el líder cubano no se calla lo que piensa, pero que sus juicios no interfieren en el afecto.
"Con tu padre tu puedes tener los juicios que quieras, pero lo sigues queriendo y respetando. Eso es lo que a mi me pasa con Fidel. Tiene un derecho histórico ganado conmigo, porque es una persona que admiro y quiero mucho, y eso posiblemente no va a cambiar jamás".
Es imposible arrancarle un reproche al régimen cubano y explica por qué: "no me permito las críticas mientras a Cuba no se le trate de una manera justa. El día que se le de un trato justo a Cuba (...), yo podré expresar mi ideas y juicios críticos".
Marambio recuerda sus vivencias con sencillez y parafrasea a uno de los personajes de la película "Blade runner" cuando, a punto de morir, dice: "nuestras vidas serán como gotas de lluvia. Es lo que siento yo, nada más, no tiene ninguna importancia".