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13 de agosto de 2008

CULTURA

Artista chilena presenta La Nave de los Locos con ojos 3D

Fotografías antiguas intervenidas para crear una ilusión de holograma son las piezas expuestas por la artista Paula Anguita para su muestra en la galería BECH.

Alejandra Zúñiga C.


12/08/2008 - 12:47

En 1494, el humanista nacido en la región francesa de Alsacia, Sebastián Brandt, editó su obra maestra, La Nave de los Locos (Das Narrenschiff), novela bufa, la primera del género, donde criticaba la debilidad y demencia de sus contemporáneos a través del relato de un viaje al "País de la Locura" de 11 personajes de diferente extracción social, cada uno de los cuales encarna a un vicio humano a satirizar. Para este imaginario Brandt se inspiró en la leyenda griega de los Argonautas -los héroes que acompañaron a Jason en su búsqueda del vellocino de oro- que se convirtió en uno de los grandes temas de la mitología a principios del Renacimiento.

Ilustrado con 118 grabados, algunos de los cuales se atribuyen a Durero, la obra sirvió como base para el trabajo que desde mañana la artista chilena Paula Anguita presenta en la galería BECH (Alameda 123) y con el cual recientemente se adjudicó el Fondart Nacional 2008.

Bajo el mismo nombre de la novela que la inspiró, la artista elabora su propuesta visual en torno a dos universos asociados entre sí: la nave que transporta a los locos y los individuos que con diversos grados de locura conviven en ella.

A través del uso de imágenes provenientes de libros y postales antiguas que representan el imaginario elaborado por Brandt en el siglo XV, las que son intervenidas por la artista de tal forma que logran un efecto holográfico o tridimensional que va variando a medida que el espectador recorre la escena, Anguita crea un universo que juega con la sorpresa, la credulidad y la variedad de perspectivas. Todo depende del prisma bajo el cual se mire pareciera ser la premisa de la autora.

Con estas fotografías fragmentadas la artista propone un quiebre crítico de la imagen, al poner de manifiesto la dependencia de la mirada al espacio que contiene lo observado, revelando a medida que el espectador se desplaza físicamente frente a la escena, el desarrollo de una historia que deja atrás la impasividad estática de la figura vista desde una posición inmóvil. Así, la plácida quietud de un crucero se ve interrumpida a medida que el visitante lo recorre por una fractura que lo parte en dos y lo sumerge en el agua.

Con este ejercicio, la artista además expone al espectador a una nueva noción de percepción temporal, donde el tiempo avanza y retrocede en fracción de segundos y "a gusto del consumidor", a través del uso de una ilusión que con téncicas que se alejan de la tecnologización actual de la realidad y el arte, que podrían en este minuto parecen casi artesanales, produce resultados que parecen "mágicos" o productos de la locura.

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