26 de julio de 2008
Mañana 26 de julio se cumplen ocho décadas del nacimiento del cineasta. Y su imagen, junto a sus películas, crece cada vez más mientras se revelan aspectos desconocidos de su intimidad.
Se murió de manera repentina, poco tiempo antes de estrenar Ojos bien cerrados (1999), pero es poco probable que en estos nueve años el director hubiera hecho otra película. Y en la ausencia, su imagen ha crecido hasta niveles mitológicos, donde prácticamente no hay tema ni detalle de su vida que no se conozca hasta la saciedad. Pero pese a todo lo "masivo" que ha llegado a ser, Stanley Kubrick sigue apasionando a sus seguidores, y la fascinación que convocan sus filmes no ha perdido efectividad.
Prueba de ellos es el ciclo que el Channel Four inglés acaba de realizar con sus filmes, donde crearon un spot promocional que imita milimétricamente el rodaje de El resplandor, donde ante la imposibilidad de recrear su estampa, la cámara se convierte en el venerado maestro. Pero quizás el detalle definitivo que demuestra la actualidad de Kubrick, es la donación que hace un par de semanas hizo su viuda, Christine, de 977 cajas con documentos que el cineasta atesoró por décadas.
Cartas, memos, guiones, fotografías, diseños y vestuarios son parte del archivo que ahora pasará a manos de la University of the Arts, un material que se agrega a otro con pertenencias de Kubrick que el Museo del Cine de Frankfurt estuvo itinerando en distintos lugares. Y próximamente, el Festival de Cine de Sitges rendirá un homenaje a 2001, una odisea en el espacio, con motivo de cumplirse su 40° aniversario.
Porque Kubrick está más vivo que nunca, y sus películas crecen cada vez más. Pero si algo faltaba para develar el misterio sobre el Kubrick humano, el tipo antisocial y huraño que se recluyó en su casa inglesa por décadas, es que se descubriera que tras su megalomanía y perfeccionismo que hacía sufrir a quiénes le asistían, latía gentileza y amabilidad, algo que el mito en torno suyo se encargó de ocultar.
"Debo corregir una impresión falsa. En el caso de Doctor Insólito, la elección de Inglaterra fue hecha únicamente porque a Peter Sellers el tribunal lo requería por su divorcio. Pero no me tome a mal. Yo adoro Inglaterra", fue la mesurada respuesta que el director le envió a un diario para corregir una información equivocada.
Quizás la versión definitiva para develar esta aparente distorsión, está en manos de su viuda, quie en el documental Stanley Kubrick, una vida en el cine, definió la opción del director. "Stanley sabía que por el hecho de no hablar con la prensa, ellos harían lo que quisieran con él. Lo castigaron por ser tímido, pero él prefería pagar ese precio antes de enfrentarse a las cámaras". Ahora, cuando se cumplen ochenta años de su nacimiento, las décadas de mitos en torno a él podrían empezar a esclarecerse.