26 de julio de 2008
El autor francés fundó junto a Alejandro Jodorowsky el grupo Pánico, dramaturgia de vanguardia que puede ser vista en el Teatro Aparte.

Roland Topor
Una bella traductora con problemas económicos decide arrendar el espacio situado bajo la mesa de su casa a un inmigrante sin papeles que necesita un lugar donde vivir. Una escena que a simple vista encierra una larga lista de metáforas e interpretaciones relativas a aquellos terrores cotidianos que encierran el prejuicio, la discriminación, el abuso de poder y la humanidad.
Una historia que podría ser narrada a través de un texto donde la denuncia o la tristeza se toman la escena, pero que en manos de su autor, Roland Topor (1938-1997), se presenta como una comedia plagada de textos de humor negro e imágenes surrealistas.
Pese a ser poco conocido en Chile, el dramaturgo, ilustrador, dibujante, pintor, escritor y cineasta francés de origen polaco, tiene una relación más que cercana con nuestro país.
A los 24 años, en 1962, funda junto al español Fernando Arrabal y el chileno Alejandro Jodorowsky el grupo Pánico, parte de la mitología teatral del siglo XX. Nacido como una reacción de vanguardia al surrealismo, basaba su propuesta en el rechazo a la autoridad y en la promulgación de la libertad del creador. Una subversión que dio como fruto una amplia gama de obras donde el tono humorístico y la importancia de la memoria como elemento aglutinador de la inteligencia, la imaginación y la conciencia histórica, a través de los recuerdos personales, es central.
Sin embargo, el nombre del movimiento no es antojadizo, ya que éste fue tomado del dios griego Pan -mitad hombre, mitad animal-, que representa la dualidad de la vida humana. Una deidad que representa la fertilidad y el desenfreno de las pasiones, cuyo aspecto extravagante provocaba terror en quienes lo veían. Por ello, este teatro se caracteriza además por la constante unión de elementos opuestos y por la búsqueda del impacto en el espectador.
"La moral y las leyes se han creado para destruir al individuo y hacerle aceptar su muerte; la única rebeldía individual consiste en sobrevivir", afimó Topor en más de una ocasión. Explicación precisa de su filosofía.
Bajo el nombre de Trom, El Invierno Bajo la Mesa se presenta hasta el 14 de septiembre en la sala Teatro Aparte (Ernesto Pinto Lagarrigue 179), la primera obra del autor galo en nuestro país. Escrita por Topor en 1994, tras la muerte de su padre, es dirigida por Willy Semler y protagonizada por Francisa Imboden y Celine Reymond -quienes adaptaron la obra original lo más fidedignamente posible- junto a Andrés Velasco.
La obra cumple con los requisitos básicos del grupo Pánico: una puesta en escena lúdica e irónica donde el autor vuelca en ella elementos de su propia vida, aquella memoria histórica de la cual el grupo hablaba.
Así, el personaje interpretado por Velasco, que decide "arrendar" el espacio demarcado por las cuatro patas de la mesa de la traductora (Imboden), es un judío polaco que ante la necesidad debe recurrir a una decisión tan extrema como útil, una situación con la cual el autor recuerda la propia historia de su padre que debió dejar de lado sus aspiraciones artísticas para mantener a su familia.
Una obra plagada de aquella actitud "pánico" que une en un mismo escenario sensualidad,tragedia, temor y alegría. Oposiciones de las que en definitiva, se encuentra hecha la vida.