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24 de julio de 2008

CULTURA

Crítica de cine: Los Expedientes Secretos X, Quiero Creer

Hoy se estrena en cines la esperada adaptación de la clásica serie de ciencia ficción. Lee la crítica del filme.

 

Daniel Villalobos




Seis años después del fin de la serie original, nos reencontramos con Fox Mulder y Dana Scully. Ella es doctora en un hospital católico; él es un ermitaño barbón que pasa el tiempo recortando noticias de los diarios. Ella le convence de abandonar su retiro para colaborar juntos en un nuevo caso que se parece bastante a algunos de los que ambos investigaron durante su paso por el FBI. 

El misterio involucra a una mujer desaparecida, un brazo cortado y un sacerdote con poderes psíquicos, elementos conocidos para los devotos de la serie, que fue -junto a Los Simpsonsuno de los productos televisivos claves de la década del 90. 

En la Norteamérica de Clinton, Mulder y Scully Daniel Villalobos fueron el emblema de nuevos tiempos: los freaks no sólo se tomaban la Casa Blanca, sino, además, el FBI y, lo que antes era motivo de burla, como los ovnis, sucesos paranormales y asesinos en serie, ahora se convertía en material de análisis serio. 

Muy poca de esa ambición por rejuvenecer viejos mitos aparece en la nueva película. A diferencia del primer filme de Los Archivos Secretos X, estrenado en 1998, esta historia es un modelo de modestia narrativa. No incluye conspiraciones mundiales, ni grandes secretos o poderes en la sombra. La trama se concentra en una pesquisa policial en la que lo paranormal casi sobra. 

Es esa humildad la que juega en contra de la película, convirtiéndola en algo intrascendente y olvidable. La serie tiene en su historial, por lo menos, unos 20 episodios mejores, más cautivantes que esta investigación donde Mulder y Scully se distraen de las pistas sólo para recordar las razones de su quiebre personal y profesional. 

Más que un paso adelante para el universo de los personajes, la película es un acto de nostalgia plagado de guiños a los fans. 

Por eso saca una sonrisa el momento en que ambos vuelven a caminar por los pasillos del FBI y miran, cómplices, una fotografía del actual presidente de EE.UU.: hace 10 años, Mulder y Scully lucharon para revelar al mundo que un poder en las sombras regía con puño de hierro los destinos del mundo. Hoy, sugieren ellos, la verdad está a plena luz y a nadie le importa demasiado.

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