1 de julio de 2008
El evento fue clausurado con la presentación de la Orquesta Nacional de Barbès.
El Festival Gnaua y de Músicas del Mundo de la localidad de Esauira clausuró hoy con el concierto de la Orquesta Nacional de Barbès su undécima edición, en la que según los organizadores alcanzó un equilibrio que le permite avanzar con optimistas perspectivas de futuro. "El festival ha encontrado su lugar en la ciudad. Ha logrado una dimensión óptima en lo que respecta a su tamaño y por fin vamos a poder dedicar todos nuestros esfuerzos a la parte artística", afirmó la directora del encuentro, Neïla Tazi.
En pleno crecimiento durante las ediciones anteriores, en las que se pasó de un solo escenario a los diez con los que se ha contado desde el pasado 26 de junio, la madurez alcanzada en su infraestructura hace que según Tazi este año vaya a marcar un punto de inflexión en beneficio de sus próximas programaciones.
Por la de este año han pasado desde el saxofonista estadounidense Wayne Shorter, el guitarrista británico Justin Adams o el jamaicano Kymani Marley, hijo del legendario cantante de reggae Bob Marley, además de los maestros gnaua (música de pueblos subsaharianos asentados en Mabreb desde el siglo XV) han sido los verdaderos protagonistas del espectáculo y ejes centrales de toda la agenda.
"Los gnaua y la ciudad de Esauira son las grandes estrellas y partiendo de esa base nos corresponde hacer una programación en armonía con ella. Queremos guardar su identidad en torno a la música gnaua e invitamos a gente que puede tocar con ella o aportar algo similar", explicó uno de sus directores artísticos, Loy Ehrlich.
Se trata de una música basada en ritos de trance y danzas sagradas, originaria de esclavos procedentes del África negra y que se hace servir de una suerte de laúdtambor de tres cuerdas, de crótalos y tambores para producir sonidos que transmiten una espiritualidad de la que se dice que no conoce fronteras.
Los integrantes de la cofradía gnaua practican un ritual terapéutico con una parte profana y otra sagrada y en Esauira, según Ehrlich, "se tiene la oportunidad de poner de relieve la parte profana", para regocijo de los locales y sorpresa de los extranjeros expuestos por primera vez a la intensidad de esos ritmos.
Los malem (maestros de ceremonia) gnaua reunidos este año procedieron de distintas partes del país, lo que prueba según uno de ellos, Hamid El Kasri, natural de Rabat, que la cultura gnaua "no es específica de una región de Marruecos, sino un fenómeno nacional".
Un fenómeno que dio lugar además a fusiones inéditas, como la del batería galo Franck Vaillant con el malem Omar Hayat, lo que para el presidente de la Fundación Esauira, André Azoulay, da muestra de "la universalidad" de este encuentro.
"En un mundo donde se habla de choque de civilizaciones concluyó el también consejero del rey Mohamed VI Esauira y su festival son la respuesta más fuerte, creíble y legítima para decir que alrededor de la música no hay choque, hay encuentro, y no hay conflicto, sino apertura y diálogo".