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27 de junio de 2008

CULTURA

Se estrena la última bomba del cine brasileño

Acusada de ultraviolenta y fascista, Tropa de elite retrata con crudeza la "guerra" entre narcotraficantes y policías en Río de Janeiro, y fue la película más vista en copias piratas de la historia del cine brasileño.

Jorge Letelier


25/06/2008 - 14:23

Una escena del filme.

Una escena del filme.

Una escena del filme.

El Capitán Nascimento (Wagner Moura), líder de la Tropa de elite.

Cuando la experiencia es exitosa, tiende a repetirse. La singular historia alrededor de Ciudad de Dios (2002), su cruda violencia y la forma de retratar a las temidas favelas, cobra vida nuevamente con Tropa de elite, el último éxito del cine brasileño que se estrena hoy en las salas locales.

Pero a diferencia de aquella cinta de Fernando Meirelles, que volvió a reposicionar a Brasil en el firmamento cinematográfico internacional, Tropa de elite hizo ruido mucho antes de su estreno. La historia es la siguiente: algunos meses antes de su lanzamiento en salas, una copia de la cinta empezó a circular en cuanta calle y negocio pirata había en Brasil. Como el argumento trataba de la fuerza especial de la policía llamada Bope, que es algo así como un escuadrón de choque para combatir el tráfico de drogas en las favelas de Río de Janeiro, y sus discutibles y violentos métodos, la discusión sobre los alcances de esta política de represión se convirtió en un asunto nacional.

Mientras los autores del filme reclamaban sobre la virtual inoperancia de las autoridades para combatir la piratería, la discusión entorno al filme llegó hasta los más altos niveles. Tanto así, que el Gobernador de Río dijo una vez que había visto la película y que estaba desarrollando un plan contra la violencia según lo observado, sin medir las consecuencias de que la había visto en una copia pirata, por supuesto. O que el mismísimo Ministro de Cultura, Gilberto Gil, organizó una función en su casa junto a amigos, a la que llegó de improviso el director de la cinta, José Padilha, como una irónica forma de "protestar".

Las discusiones públicas y privadas crecían en forma exponencial a los reclamos de Padilha de que la copia pirateada no era la versión final, y cuando la cinta abrió el Festival de Río de Janeiro en septiembre pasado, su táctica logró el objetivo: la exhibición del filme fue un suceso y calentó el ambiente para su estreno comercial, que ocurriría dos semanas después.

A esas alturas, diversos medios aseguraban que la copia pirata había sido vista por unas once millones de personas, mientras que en su proyección en salas,  logró más de dos millones de espectadores. Finalmente, la fiebre bajó y se estimó que fue sólo un millón el que la compró ilegalmente. Aún así, sus cifras son sorprendentes.

La historia está basada en la experiencia de Rodrigo Pimentel, un ex capitán de la Bope que colaboró con Padilha en el documental Bus 174 (2002), dando testimonio sobre los métodos de esta, la realidad del narcotráfico en Río y los efectos sicológicos en los miembros de esta polícia especial. Pimentel escribió junto a su colega Andrés Batista y el sociólogo Luiz Edoardo Soarez, el libro A elite da tropa, del que el filme se basa. Originalmente Tropa de elite iba a ser un documental, pero lo difícil y peligroso de retratar a los verdaderos involucrados (mostrarlos en cámara sería equivalente a su suicidio público), no le dejaron al director otra opción que enfocar el tema desde la ficción, centrándose en el capitán Nascimento (Wagner Moura), quien quiere abandonar la tropa y necesita dejar a un sucesor, con dos opciones: un enceguecido con la violencia como Neto (Caio Junqueira), y otro que prefiere limpiar el problema y construir un mundo mejor, Matías (André Ramiro).

Mientras ocurría su rodaje, los efectos de filmar en las favelas tuvo su costo, ya que en un momento, delincuentes robaron un camión con armas reales y falsas que formaban parte de la película, secuestrando a miembros del equipo. Además, la cinta sufrió la presión de la Policía de Río, quienes trataron de censurarla.

Una vez estrenada, la pasión en torno al filme no decayó. Diversos sitios recojeron que en algunas funciones, el público gritaba a favor cuando Nascimento, el protagonista del filme y duro capitán del Bope, mataba a mansalva, mientras otros lanzaban gritos como "reaccionario" ante la misma escena. El impacto fue tal, que pronto las principales cadenas de televisión del país se pelearon sus derechos, mientras que revistas de actualidad hacían encuestas nacionales para entender el fondo del tema.

Lo más suave que se ha dicho de Tropa de elite, es que es una visión fascista sobre la realidad del tráfico en las favelas y el accionar del Bope. Porque este Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar, detiene, tortura y mata sin contemplación alguna, dejando la vida en las favelas en una lucha brutal y despiadada entre dos facciones, donde el nivel de corrupción no permite otra opción que el eliminar a sangre y fuego a los narcotraficantes.  Una vision en blanco y negro que glorifica la brutalidad policial porque la otra brutalidad, la de los traficantes y dueños de las favelas, está al otro lado de la ley. Uno de los temas más polémicos del filme, es su visión de las clases medias y altas que consumen drogas. Sin eufemismos, la cinta crítica la hipocresía de estos grupos de consumidores, que buscan acercarse al problema creando ONG's dentro de las favelas, mientras pactan con los jefes del tráfico. Por esta visión, es que la izquierda política del país reaccionó escandalizada ante el filme.

"Mi idea fue siempre hacer un drama realista", le dijo José Padilha a La Tercera en una entrevista reciente. "Quería mostrar que en Río la violencia del narcotráfico se combate con violencia y de ese tipo de sociedad nacen personajes como Nascimento", agregó sobre el protagonista del filme.

Ganadora del Oso de Oro en el último Festival de Cine de Berlín, Tropa de elite repite todos los tics que se asocian comúnmente al cine brasileño: la violencia destemplada, el histerismo, la visión caótica sobre la sociedad, la corrupción policíaca y una estética heredada del documental. Por ello, su visión despertó el rápido interés de Hollywood, con la presencia como coproductores de los hermanos Weinstein (los creadores de Miramax y ahora a la cabeza de The Weisntein Co.), quien le dieron al filme el mejor espaldarazo posible: asistieron a su estreno en el Festival de Río de Janeiro. La violencia y la droga vende, y si es con sabor exótico, mejor aún.

 

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