10 de abril de 2008
En octubre la sala inglesa dedicará una gran exposición al brasileño Cildo Meireles.

El brasileño Cildo Meireles.
La galería Tate se interesa cada vez más por el arte contemporáneo latinoamericano, a uno de cuyos más destacados representantes, el brasileño Cildo Meireles, dedicará a partir del próximo 14 de octubre una gran exposición.
Helio Oiticica (1937-1980), también brasileño, mereció ya el año pasado el honor de otra gran retrospectiva, que documentó en diez salas la evolución seguida por ese artista de vanguardia para liberar el dolor del corsé de las dos dimensiones y romper los límites tradicionales de pintura y escultura.
Además, la londinense Tate Modern, que se precia de ser el museo de arte contemporáneo más visitado del mundo, acogerá en una de sus salas a partir de mayo varias obras de Oiticica, que sustituirán a otras del estadounidense Dan Flavin, expuestas allí durante un año.
"Tenemos con seguridad la mayor colección de obras de Oiticica fuera del Brasil", comenta con orgullo el director de la Tate Modern, el español Vicente Todolí.
Los visitantes de la Tate Modern, hermoso ejemplo del art deco industrial hábilmente transformado en galería de arte moderno por el equipo de arquitectos suizos Herzog y de Meuron, han podido asombrarse también últimamente durante los últimos meses con la enorme grieta abierta en el suelo de su gigantesca Sala de Turbinas por Doris Salcedo.
Motivada por sus preocupaciones políticas y sociales, la artista colombiana quiso simbolizar con esa grieta zigzagueante en el suelo de cemento, que parecía abierta por un terremoto, las divisiones del mundo, lo que ella misma ha calificado de "grieta de la humanidad".
Como explican Todolí y Frances Morris, responsable de las colecciones internacionales de la Tate, el arte latinoamericano se distingue por su "profundo compromiso social y político".
Tiene además un componente visual y formal muy poderoso, una gran sensibilidad poética y un importante elemento sensorial, que le permite conectar fácilmente con un público muy amplio, dicen.
El desarrollo de los fondos de arte latinoamericano de la Tate ha sido muy rápido y a ello ha contribuido, según explica Todolí, un grupo de una cuarentena de patronos de la región que contribuyen financieramente cada año en la adquisición de obras nuevas de esa procedencia.
Entre ellos está la venezolana Tiqui Atencio Demirdjian, que preside el Comité de Adquisiciones de Arte Latinoamericano, integrado por esos ricos patronos, que son también en buena parte coleccionistas.
Para las obras más caras del mercado la Tate tiene también a su disposición el llamado Fondo Americano, dedicado fundamentalmente a la compra de arte norteamericano, pero al que también puede recurrirse para el arte de América Latina, según Todolí.
El éxito del Comité de Adquisiciones Latinoamericanas ha sido tal que la Tate ha creado posteriormente otros para jóvenes artistas de Estados Unidos, así como de la región de Asia Pacífico y está pensando en la posibilidad de iniciar uno dedicado a Oriente Medio.
Los comisarios de exposiciones de la Tate acuden regularmente a ferias internacionales especializadas en Latinoamérica como ARCO, de Madrid, o Art Basel Miami, y cuentan también con el asesoramiento de otros expertos como el mexicano Cuauhtémoc Medina, que ha colaborado con la galería británica durante los seis últimos años.
Según explicó Todolí, la Tate está interesada no sólo en el último arte latinoamericano, sino también en figuras ya "históricas" como el citado Oiticica, su compatriota Lygia Clark, el venezolano Jesús Soto o los argentinos Víctor Grippo y León Ferrari.
Puestos a citar obras de artistas latinoamericanos incorporadas ya a la colección de la Tate, cabe mencionar, entre otros, a los chilenos Eugenio Dittborn y Alfredo Jaar, los cubanos Los Carpinteros y Carlos Garaicoa, al uruguayo Luis Camnitzer, los mexicanos Damián Ortega y Gabriel Orozco, los argentinos Guillermo Cuitka y Jorge Macchi, el peruano Fernando Bryce, los colombianos Oscar Muñoz y María Fernanda Cardoso o la costarricense Priscilla Monge.
EFE