19 de noviembre de 2008
Según un estudio la estimulación de los niños es más importante para su desarrollo que el nivel socioeconómico de su familia.

Cuando la economista Alejandra Acevedo debió dejar a Gabriel por primera vez en el jardín infantil, lo hizo con tristeza. Era su primer hijo y con sólo cuatro meses de edad, los temores que le transmitían tanto su madre como su suegra le causaban inquietud. "Es muy chico, cómo lo vas a dejar solo", le decían, pero ella debía volver a trabajar después de su posnatal. "Afortunadamente, la política de puertas abiertas del jardín, junto con la flexibilidad de mi trabajo, me permiten venir cuando yo quiera", dice Alejandra. Ella tiene la posibilidad de amamantar a Gabriel por la mañana y por la tarde, además de compartir y jugar con él durante casi dos horas a mediodía.
Alejandra y Gabriel asisten al jardín Vitamina, un proyecto dirigido a los hijos de padres trabajadores. A través de convenios con las empresas, se instalan en los lugares de trabajo y se acomodan a las jornadas de los padres. En una clínica, por ejemplo, funciona las 24 horas del día, los 365 días del año. Parten de la base de la empatía: "Una mujer trabajó de madrugada para que yo pudiera tener a mi hijo, la idea es que ella esté tranquila", dice María Luisa Orellana, directora de programas educativos de la entidad.
Su proyecto se basa en que la participación activa de los padres fortalece el aprendizaje de los niños. Así lo reveló el estudio Effective Provision of Pre-School Education Project, que midió a través de los años a un grupo de niños británicos, y estableció que, sin importar el nivel socioeconómico de los padres, con una adecuada capacitación del jardín, los apoderados pueden estimular a sus hijos y potenciar la labor educativa. "No es tan importante quién eres, sino qué haces", resume Sylvia Lavanchy, coordinadora de investigación y contenidos de Vitamina.
En los 15 jardines Vitamina que hay en Santiago, los padres pueden entrar en cualquier momento de la jornada, con la condición de que se integren como un niño más en las actividades. Si quieren pasar un rato más íntimo con su hijo, pueden hacerlo en la ludoteca, un espacio donde ambos juegan en el piso con material didáctico, pues la idea es que la interacción tenga un fin educativo.
LOS QUE MEJOR LOS CONOCEN
El marco curricular de educación preescolar del Mineduc que rige desde 2001 destaca el rol de la familia en la formación de los niños. "Parte de la base que nadie conoce mejor a los hijos que sus padres", explica María Isabel Díaz, coordinadora del equipo de educación parvularia del Mineduc.
Es por eso que el programa considera pautas que los educadores pueden dar a los padres para trabajar con los niños en la casa, en actividades complementarias al jardín, y talleres donde pueden intercambiar con otros apoderados inquietudes sobre los hábitos de crianza, por ejemplo, cómo potenciar la lectura y escritura.
"Si la familia está presente, conoce la labor educativa y se hace en forma conjunta, se optimiza el crecimiento, desarrollo y aprendizaje de niños y niñas", dice María Isabel Díaz. Por eso, en los jardines de Junji e Integra se promueven actividades como disertaciones entre padres e hijos, donde ambos deben presentar ante sus compañeros el trabajo conjunto.