12 de noviembre de 2008
La iniciativa busca elevar la calidad de la educación que reciben los niños de prekinder y kinder de ocho colegios de Peñalolén.

Ya no es la mala nutrición de los niños la que atenta contra su rendimiento en el aula. Son factores relacionados con la exposición a la contaminación, en especial en los preescolares, los que provocan ausentismo escolar e inciden en su aprendizaje.
Por ello, la salud -y en especial la prevención de los episodios obstructivos- es uno de los cuatro ejes del proyecto "Un Buen Comienzo" que la Universidad de Harvard y la Fundación Oportunidad, fundada por el empresario Andrónico Luksic, iniciaron el año pasado en mil niños de prekinder y kinder de escasos recursos de la comuna de Peñalolén y que desde el próximo año se ampliará a otras comunas.
El proyecto, que cuenta con el apoyo del Mineduc, busca mejorar la calidad de la educación preescolar que reciben los menores, dándole un enfoque multidisciplinario. En estos momentos, Harvard y la fundación se encuentran reclutando nuevas escuelas interesadas en participar del proyecto con el fin de llegar a 60 establecimientos y más de diez mil niños en los próximos tres años.
LOS CUATRO EJES
"Hoy nuestro problema más importante es la contaminación. El 15% de los niños de nuestros colegios de Peñalolén usa inhalador en forma crónica y un número mayor ha usado alguno por lo menos alguna vez. Esto tiene un alto impacto, pues hay una relación directa entre asistencia y el rendimiento", dice Andrea Rolla, directora de Un Buen Comienzo.
Por ello, uno de los ejes del proyecto busca reducir el número de incidentes graves a través de medidas simples, como capacitación a los padres, a los mismos niños y a sus educadoras para que aprendan a lavarse las manos frecuentemente (se colocan en la sala dispensadores de alcohol gel). También se les enseña a disminuir los alergenos en la casa y en el colegio y se capacita a los profesores y padres para enfrentar las crisis respiratorias.
Otro de los problemas que se diagnosticaron antes de iniciar la intervención en Peñalolén fue el bajo nivel de vocabulario y de comprensión del lenguaje que tenían los menores.
Por ello, y como se trata de un proyecto multidisciplinario, el plan busca no sólo elevar la calidad de la educación que se entrega en el aula, sino también intervenir a las familias. "La idea es extender el tiempo en el que los niños están en contacto con la lectura", dice Catherine Snow, investigadora principal de Harvard para el proyecto.
La experta lideró una iniciativa en EE.UU. en la que se siguió a 50 niños desde los 3 hasta los 18 años: los menores en cuyos hogares no sólo hay más libros, sino más conversaciones extendidas y sobre temas no cotidianos, tienen más vocabulario y por tanto más comprensión de lectura.
Por ello, el proyecto le entrega a cada familia participante un stock de libros de cuentos y se les orienta sobre cómo utilizarlos y aprovechar otras instancias cotidianas para aumentar el vocabulario de los niños. A ello se agrega una intervención sicosocial con los menores, a fin de mejorar el clima del aula y dar seguimiento a los casos de niños con problemas conductuales o emocionales, y una capacitación que incluye no sólo a los docentes, sino también a los auxiliares.