latercera.cl

19 de agosto de 2008

EDUCACION

La historia de la orquesta que creó a los primeros universitarios de Curanilahue

Es la primera investigación chilena que determina la influencia de la música en el desempeño académico.

Elizabeth Simonsen


17/08/2008 - 10:39

Cuando Rodrigo Aguayo aceptó la invitación de un amigo hace 13 años, nunca pensó en que eso cambiaría su vida. Hijo de un taxista y de una madre dueña de casa, Rodrigo no tenía más expectativas que las de los 30 mil habitantes de Curanilahue: dedicarse a las faenas forestales o simplemente a patear piedras.

La comuna poseía -y tiene hasta hoy- una de las tasas más altas de cesantía y de pobreza: el 24,8% es pobre, el 5,9% indigente y un 18% no tiene más expectativas que sentarse en la plaza a mirar pasar el tiempo. Las labores del carbón son parte del pasado para un pueblo que todavía se siente marginado del desarrollo.

Pero la decisión de Rodrigo de participar en la naciente orquesta infantil le cambió la vida. "No tenía ni un acercamiento con la música, llegué de curioso. Nadie esperó el impacto que esto iba a tener. Nosotros éramos hijos de obreros y la posibilidad de aprender un instrumento era impensada. La orquesta fue una puerta de entrada al mundo, a otras realidades y ha influido en muchas de las decisiones que he tomado, como seguir estudios superiores", cuenta.

Hoy Aguayo está a punto de titularse de Psicología en la Universidad de Talca, un camino que ha recorrido la mayoría de sus compañeros de la orquesta. Según la primera investigación que se realiza en Chile que aborda los beneficios de las orquestas sobre el aprendizaje, del economista de la U. de Chile, Pablo Egaña, siete de los muchachos que egresaron de la generación 2003 entraron a la universidad.

En su tesis de doctorado, dirigida por Juan Pablo Valenzuela y Dante Contreras, Egaña siguió el rastro de los jóvenes que participaron de la orquesta y los comparó con un grupo de control de 70 estudiantes del mismo liceo que no participaron del proyecto. Se llegó a un registro fidedigno de siete jóvenes, que rindieron la PSU en 2003: ellos lograron 50 puntos más en lenguaje y 30 puntos más en matemáticas que el grupo de control. Ello no sólo les permitió entrar a la universidad, sino mantenerse en ella. Así, la orquesta no sólo dio algunos de los mejores músicos del país -como Nhassim Gazale, considerado el mejor contrabajista joven-, también está a punto de darle a la localidad su primera generación de profesionales. Todos siguen ligados a la música.

"La ejecución de un instrumento y la participación en orquestas permite el desarrollo de habilidades, como la resiliencia, constancia y perseverancia que permiten apuntar a ciertos desafíos, como la PSU. Lo que busca la orquesta es no es generar talentos, sino  competencias y mejorar las expectativas", dice Egaña.

Es lo que pretendía Américo Guisti cuando llegó a la zona a mediados de los 90 en busca de alguien que lo escuchara. El profesor era un convencido de que el esfuerzo que demanda el aprendizaje de un instrumento permitía cambiar el destino, especialmente de los niños vulnerables.

Por aquellas coincidencias de la vida, a las que Guisti les llama la buena estrella, se encontró con otro apasionado por la música: el director del Liceo Mariano Latorre, Francisco Ruiz. "Hicimos una convocatoria a todos los niños del pueblo, entre 9 y 13 años, sin que tuvieran que dar pruebas de talento. Los escogimos por el entusiasmo de ellos y de la familia, porque estábamos conscientes de que el requisito más importante para el éxito de la orquesta era el trabajo diario y constante", dice Guisti.

Así, con el lema Se puede, se puede, partieron a sumar adeptos. No fue difícil que la municipalidad, Forestal Arauco, Enagas y la Fundación Andes les abrieran las puertas. Con ello, más los diez mil pesos que colocaban las familias, les pagaban los honorarios a los profesores que viajaban desde Concepción a dar clases.

ESTUDIANDO CON LAPICES

Pero los comienzos no fueron fáciles. "Para comprar los instrumentos, postulamos a un Fondart, pero los instrumentos se demoraron un año en llegar, así es que ensayábamos con todo prestado y con palitos o lápices en vez de arcos. Cuando llegó el cello, venía sólo uno y los niños lo tuvieron que compartir", recuerda María Eugenia Muñoz, coordinadora del grupo.

Pero ello no fue obstáculo para que estos 43 niños que nunca antes habían visto un instrumento, que no tenían idea quién era Bach y para quienes su horizonte no estaba más allá del camino que separa a Curanilahue con la civilización, terminaran tocando en el Teatro Municipal, en la Estación Mapocho en la asunción de mando del Presidente Ricardo Lagos, en Alemania y en España.

"En el 2000, cuando salí por primera vez de Chile con la orquesta a Europa, quedé fascinado y siempre quise volver. La orquesta me amplió la mirada, me permitió conocer otras realidades, tener expectativas, un método y constancia de estudio", cuenta el joven que acaba de cumplir su promesa: viene llegando de un intercambio en la U. de Barcelona.

EL DÍA