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13 de agosto de 2008

EDUCACION

Estudio chileno encontró que sólo el 9% de los escolares sabe escribir un texto argumentativo

Una investigación de la U. Diego Portales, entre estudiantes de cuarto medio de liceos municipales, reveló serias dificultades de expresión escrita a la hora de redactar textos académicos en la mayoría de los alumnos, materia que nadie en los colegios parece estar enseñando.

Katerine Pavez


11/08/2008 - 08:55

Más que las faltas de ortografía o mala letra, lo que más preocupa a los expertos acerca de las nuevas generaciones de egresados de enseñanza media es que apenas sean capaces de escribir con coherencia textos argumentativos. Esto es, escritos que tengan una secuencia lógica y en los que se llegue a alguna conclusión luego de exponer razones suficientes.

Según el currículum de enseñanza media, los jóvenes deberían egresar con las herramientas suficientes para enfrentar la escritura de textos académicos, que son los que se exigen en la educación superior o en el mundo del trabajo. Cuando esto no sucede, los problemas no tardan en llegar: las universidades deben implementar cursos remediales de escritura y muchos profesionales buscan talleres particulares para aprender a redactar un texto. El problema es que no es posible recuperar en un semestre lo que no se aprendió en cuatro años.  La queja entre los empleadores es que los jóvenes saben mucho de las áreas en las que son formados -ingeniería, ciencias, etcétera- pero no están formados en las habilidades básicas de comunicación.

Una investigación de Soledad Concha, directora de Pedagogía en Enseñanza Media de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, muestra que los jóvenes que están en cuarto medio son capaces de escribir textos coherentes, pero no pueden usar eficazmente recursos como la contraposición, causalidad, que son caracaterísticos del discurso académico. "Los textos se entienden, pero no son argumentativos, sino que se parecen a un texto narrativo o derechamente a la forma de hablar", dice Concha. Es decir, los jóvenes están escribiendo de manera espontánea, sin tener conciencia de cómo se hace; sólo vuelcan las ideas que se les van ocurriendo.

Su experimento fue el siguiente: cien estudiantes de cuarto medio de liceos municipales fueron sometidos a una prueba en la que debían identificar incoherencias en un escrito y luego escribir su propio texto, argumentando si el inglés era importante para el mundo de hoy o dando su opinión sobre la píldora del día después. El resultado fue preocupante: en el primer ejercicio sólo el 8% de los estudiantes reconocían, de ocho frases erróneas, por lo menos seis. Un 75% encontró de tres a cinco frases y un 16% ninguna o sólo una. Cuando les tocó escribir, de los 100 estudiantes, sólo nueve cumplían con "textura similar al texto argumentativo", según Concha.

Luego de este resultado, se eligió a otros nueve del grupo peor calificado para compararlos. Las diferencias fundamentales entre ambos grupos eran dos: primero, los mejores releían sus frases a medida que las escribían, mientras que los de bajo rendimiento escribían "de corrido" y sólo se detenían cuando ponían el punto final.

La segunda diferencia es que los estudiantes mejor evaluados reconocían haber recibido instrucciones en clases o en el preuniversitario acerca de la existencia de conectores o ilativos, mientras que los del grupo peor evaluado no recordaban ningún aprendizaje en este sentido.

ENSEÑAR A ESCRIBIR
Aunque parezca insólito, la recomendación de los expertos es que los profesores enseñen a escribir. "Se tiene la idea de que escribir es un acto espontáneo y por eso no se desarrollan las estrategias para enseñar cómo se hace", asegura Romualdo Ibáñez, lingüista de la Universidad Católica de Valparaíso.

Existen pocas investigaciones en esta materia, y las que hay coinciden en que los jóvenes no saben para qué escriben. "Cuando se les pregunta qué es lo más importante a la hora de escribir, más que la capacidad de comunicar ideas aparece el tener buena ortografía o buena letra, o simplemente cumplir con la tarea que les asignó el profesor", dice Soledad Concha. Además, asegura que no está demostrado que leer o hablar más mejore la forma de escribir. La clave está en que no sólo se les pida a los niños que escriban de manera libre, sino que se les explique cómo se hace para que el texto sea coherente.

Una de las dificultades está en la evaluación. Porque los docentes no poseen una guía que explique dónde está el estudiante y dónde debería estar. Si bien el currículum indica los objetivos para cada curso, no define estándares de desempeño, situación que cambiará a partir del próximo año, con la entrega de los mapas de progreso que el Mineduc prepara en escritura (ver recuadro). Otro problema es que para medir escritura no basta con un test de alternativas y es difícil crear una pauta de corrección en coherencia  argumentativa.

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