5 de agosto de 2008
Esta semana terminó para el Instituto Nacional con la sensación de haber vivido momentos históricos. Se requerirá un esfuerzo para subsanar las profundas deficiencias internas que hasta ahora pasaron inadvertidas gracias a sus excelentes resultados académicos.

Sala de clases ubicada en el cuarto piso

La Cúpula: salón donde ensayan los estudiantes de Música y la Orquesta Sinfónica

Baño abandonado en el segundo piso

Uno de los patios del Instituto

Teatro abandonado. Aún no finaliza su construcción.

Baño en desuso en el primer piso

Sala de Deportes
Esta semana terminó para el Instituto Nacional con la sensación de haber vivido momentos históricos: El rector, Omar Letelier, fue removido de su cargo luego de casi dos meses de movilizaciones estudiantiles. Sin embargo, las razones que llevaron a cientos de sus alumnos a las calles están lejos de disiparse. Porque los seis mil millones de pesos anunciados como necesarios para sacar a flote al más emblemático de los liceos públicos alcanzarán sólo para levantar una infraestructura al borde del colapso.
Se requerirá de un esfuerzo aún mayor para subsanar las profundas deficiencias internas que hasta ahora pasaron inadvertidas gracias a sus excelentes resultados académicos: Por ejemplo, el hecho de que el 15% de los profesores se retiró del establecimiento y nunca fue reemplazado, cursos que no han tenido clases de matemáticas en todo el año, o que de los 50 talleres de actividades extraprogramáticas que alguna vez tuvo, hoy sólo queda uno.
RENUNCIA DE PROFESORES
Dos cursos no han tenido clases de matemática en lo que va del año. Un cuarto medio aún está viendo Estadística, materia que debió cerrarse en marzo. La razón: además de las tomas, la falta de profesores de ciencias y matemáticas. La grúa de los colegios privados tienta a estos docentes, que tienen aspiraciones de sueldo mayores a las que el sistema municipal puede pagar: un docente gana entre $ 300 mil y $ 700 mil. En el sector privado puede superar $ 1 millón. Así, cada año, por los menos 10 maestros optan por dejar el establecimiento, situación que en 2008 se agravó con la jubilación de otros 12 profesores. En total, fueron 22 docentes menos (15%) y que no han sido reemplazados.
En ocasiones, el Centro de Padres ha ofrecido bonos extras a profesores para incrementar los salarios para evitar su fuga, pero no es suficiente. Además, las licencias y permisos son habituales. "Hay un profesor de matemática que no ha venido en todo el año y no se puede hacer nada. El Estatuto Docente lo impide", dice un funcionario. Si un docente falta un día, existen staff de maestros o estudiantes de pedagogía cuya misión, más que seguir el hilo de la clase, es evitar que los alumnos salgan de la sala.
LAS SALAS NO ALCANZAN
Los resultados del Instituto siguen siendo sobresalientes, pero eso está más relacionado con la calidad de los alumnos -que ingresan tras un riguroso proceso de selección- y con la exigencia académica de algunos profesores, que con las condiciones en las que se están dando las clases.
Por ejemplo, al año sólo se hacen dos consejos generales de profesores, reuniones claves en la planificación. Jimena Aranda, presidenta del consejo gremial de profesores, explica que sólo existen instancias de coordinación por departamentos.
Los profesores tampoco tienen tiempo para dedicarse a horas no lectivas. La mayoría de los 160 docentes del colegio están contratados por 30 horas. De éstas, cuatro horas debieran dedicarse a la planificación, evaluación del aprendizaje, etc. Sin embargo, hoy la mayoría está dedicando esas horas a hacer clases.
La organización del horario es otro problema grave: actualmente, son 4.200 alumnos, distribuidos en 100 cursos entre séptimo y cuarto medio, con 40 a 45 estudiantes por sala. Y algunos estiman que la población escolar excede en, por lo menos, 1.500 alumnos la capacidad física del establecimiento. De hecho, en la tarde existen distintas horas de ingreso, que van desde las 14.00 a las 15.30 horas y de salida, de las 18.50 a las 20.20 horas, de modo que las salas alcancen para todos.
"Esto se parece al sistema de camas calientes de los mineros", dice un profesor. El resultado: lapsos de tiempo en medio de la jornada escolar completamente muertos o cursos que tienen hasta cuatro horas seguidas del mismo ramo. Y como el recambio de jornada se hace en 15 minutos, los 25 auxiliares no alcanzan a hacer el aseo en todas las salas.
SOLO FUTBOL
Talleres de música, ajedrez y hasta japonés eran parte de la variada oferta de 50 actividades extraprogramáticas que poseía el Instituto. Hoy, oficialmente sólo queda una: fútbol, según consta en el informe preparado por una mesa de negociación de padres, profesores, alumnos y codocentes en conjunto con el municipio, que se formó después de la toma. Si los estudiantes quieren estar en la Orquesta Sinfónica deben costear sus instrumentos y pagar sus viajes. Sobreviven otros, como robótica, a costa de esfuerzo personal de los alumnos y de los profesores. La explicación la da Eduardo Cáceres, inspector del colegio. "Según el rector saliente, no había suficiente disponibilidad horaria para hacer talleres".
LOS PASILLOS DE SIBERIA
33 mil metros cuadrados construidos, 10 mil para "recreación", dos auditorios, tres gimnasios y 10 salas especializadas para música y artes. De esta gloriosa infraestructura, poca queda en buen estado. Sólo funciona un teatro (el otro está abandonado), hay baños clausurados y uno de los patios -llamado "Calama", porque está en altura- tiene filtraciones debido a la lluvia.
Se agrega la nula calefacción en invierno. Por algo los pasillos fueron bautizados como "Siberia", con las consiguientes licencias médicas que aumentan en invierno y acentúan la carencia de profesores. Esta es la cara más visible de la crisis del Nacional y la que más impacta. "El Instituto ni siquiera tiene su permiso de construcción, todavía está en obras", dice Luis Riveros, ex rector de la Universidad de Chile y quien preside la comisión que debe entregar un diagnóstico de la realidad del liceo.
Asegura que lo más caro es reparar todo el sistema eléctrico, que data de mediados del siglo pasado. Sólo el arreglo del patio en altura tiene un costo de $80 millones. En total, se estiman unos 6 mil millones de pesos para reparar y mejorar la alicaída infraestructura, esto es, 350 veces el dinero que destina el Mineduc como subvención de mantenimiento a la infraestructura, que sólo alcanza a $17 millones al año.
Por lo menos, según aseguran fuentes ligadas a la comisión, el propio ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, ya comprometió su aporte.
RECURSOS INSUFICIENTES
El drama del Instituto Nacional es el que viven todos los establecimientos municipales. Los $1.890 millones al año que recibe se destinan, casi en su totalidad, a los sueldos de los docentes y a los gastos fijos como agua y luz. $1.750 millones provienen de la subvención estatal y los restantes $140 millones son aportados por el municipio.
Los arreglos que se han hecho en los últimos 30 años han sido sólo para reparar lo que ya no se sostiene y se han financiado en gran parte gracias al aporte del Centro de Padres y a donaciones privadas. Pero, según relatan en el establecimiento, durante el último tiempo incluso las donaciones habían caído, debido a que el rector ya no acudía a los ex alumnos.
Los padres, como mínimo, aportan unos $420 millones al año, dinero que, además, financia el preuniversitario interno que los alumnos de cuarto medio toman los sábados en el mismo establecimiento.