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15 de julio de 2008

EDUCACION

La lectura voluntaria en vacaciones es clave para el rendimiento

Los niños que leían en sus vacaciones superaban el rendimiento académico al regreso a clases en cuatro o cinco puntos porcentuales que quienes no habían leído, concluye un estudio de la U. de California.

Elizabeth Simonsen


13/07/2008 - 16:15

No es lo mismo pasarse las vacaciones viendo horas de televisión que practicando actividades como viajes o talleres. Es lo que demostró una investigación de la Universidad de Johns Hopkins: los niños que realizan actividades recreativas en vacaciones tienen mejores resultados cuando regresan a clases. Ahora se agrega un nuevo dato: la lectura voluntaria también es clave. Especialmente entre los niños que poseen menos de 50 libros en su casa o tienen menos habilidades lectoras.

Una investigación de la U. de California, Estados Unidos, entre 400 alumnos de cuarto año básico demostró que quienes leían en vacaciones superaban en rendimiento académico al regreso a clases en cuatro a cinco puntos porcentuales a quienes no habían leído. Por eso, aquí una serie de estrategias para incentivar esta útil actividad.

1. En la familia se aprende a amar los libros. Por ello, se debe generar un ambiente donde se hable, planifique y disfrute la lectura: "Comentar en la mesa qué libro leerá o sobre el que acaba de terminar, y luego preguntarles a los niños qué podrían escoger es una buena manera de introducirlos a este mundo", dice Rebeca Domínguez, directora de la Fundación Había Una Vez. El Panel Nacional de Lectura de EE.UU. ha cocluido por qué es clave: los beneficios de la lectura se acrecientan si hay feedback, es decir, si los padres o profesores comentan lo que han leído los niños.

2. Un niño lector no se hace solo. Hay que estimular las experiencias lectoras en espacios que no sean el colegio o el hogar: llevar a los niños a bibliotecas y librerías donde puedan manipular y escoger los títulos que más los atraigan.

3. Sin imposiciones. Ni los cómics ni el diario son considerados en sentido estricto un subgénero de la literatura, pero su función es la de ser puente hacia lecturas más canónicas. De allí que hay que dejar a los niños escoger el tipo de texto que quiera: informativos (enciclopedias, los libros de los por qués), cómic o libros con muchas ilustraciones. Esto también sirve para la interpretación de los libros. El niño -como cualquier lector- tiene necesidad de identificarse con los protagonistas de sus historias. No hay que reprenderlos si su libro favorito no es el que se espera: el lobo por sobre la Caperucita, el Capitán Garfio en vez de Peter Pan.

4. Déjelos leer a su ritmo. Si  abandonan un libro a la mitad, no hay que alarmarse. "Todos fuimos incapaces alguna vez de terminar un texto", dice Carmen Paz Hernández, de Fundación Había Una Vez. Tampoco se deben imponer horas de lectura. Una investigación de Anderson, Wilson y Fielding, demostró que con 10 minutos diarios basta para mejorar el desempeño académico.

5. La narración oral lleva a la pasión lectora. El hábito de leerles cuentos, que se supone se inició a los seis meses o antes, no debe olvidarse, aunque ya hayan aprendido a leer bien. "Meterse en la cama juntos para leer un cuento permite acercarse a ellos, en especial cuando están en la  adolescencia y se distancian. Léales hasta que ellos mismos les pidan que no", dice Domínguez.

6. Integre los medios audiovisuales a la lectura. "Propóngales una película de cine basada en un libro y estimúlelos a leer antes el texto", sostiene Domínguez. Tampoco se debe colocar los libros en contraposición a la televisión, no hay que apagar la tele para que vayan a leer.

7. En los primeros años de la secundaria se forma el lector autónomo y competente. Pero, también es cierto que en esta etapa sostienen con más fuerza que la lectura es una actividad inútil y trabajosa. Si ha sido un lector asiduo antes, pero a partir de los 13 años la olvida, no hay que alarmarse, ya lo retomará.

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