10 de junio de 2008
Estudiantes dependientes e inmaduros, jornadas muy extensas y un sistema que se preocupa excesivamente por las notas y la PSU. Ese es el diagnóstico de los extranjeros que enseñan en el país.
E.Simonsen, K. Pavez y S. Vargas

Estudiantes poco esforzados, dependientes e inmaduros, jornadas muy extensas con currículos pocos flexibles que colocan demasiado énfasis en la memorización y un sistema que se preocupa excesivamente por las notas y que pone todas sus fichas en la prueba para ingresar a la universidad.
En un ejercicio por obtener una visión más objetiva del sistema escolar chileno, La Tercera contactó a algunos de los 120 profesores extranjeros que cada año se insertan en nuestro país, en su mayoría en colegios de colonia, para que analicen los vicios y virtudes, del sistema escolar chileno.
Los entrevistados fueron 15: franceses, italianos, alemanes, británicos y canadienses, y el diagnóstico no fue nada alentador. ¿Lo destacable? La cálida relación entre alumnos, apoderados y profesores.
LA VIDA ES LA PSU
"Lo más fuerte es que el éxito de una persona se mida por cómo le fue en la PSU", dice el canadiense Darryl Eby. Con él coincide el resto de los docentes extranjeros.
"En Italia, el éxito económico no depende de la universidad", agrega la italiana Elena Andreani. Además, les parece cuestionable que la PSU mida sólo unas pocas asignaturas, que no considere el dominio de idiomas y que el cuestionario sea con selección múltiple, lo que privilegia la memoria y genera una industria destinada a entrenarse para la prueba.
"En Francia, el bachillerato permite que los niños apliquen todo lo que aprendieron, es de desarrollo y la ponderación de las áreas depende de lo que se quiera estudiar", explica la profesora Marie Noëlle.
Consideran que la PSU desvirtúa el proceso de la enseñanza media. "Como se le da tanta importancia, se deja de lado cualquier cosa que parezca una distracción, como las clases que se salen del concepto tradicional", dice Isabel Ambler, profesora del Redland, quien vive hace 15 años en el país.
También cuestionan la gran desigualdad social: "El futuro de un joven depende de su situación económica y eso es chocante. Los alumnos de colegios particulares saben que tienen gran parte del camino recorrido y se esfuerzan sólo al final. En Alemania, aunque tengas dinero, te tienes que esforzar, porque no tienes nada asegurado", dice el alemán Knut Glowienka, que lleva dos meses en Chile.
¿APRENDER PARA LA NOTA?
Padres que pelean por las décimas; alumnos que están dispuestos a todo: copiar o recurrir en internet a sitios piratas para bajar trabajos. Es Chile según los ojos de los docentes extranjeros.
En Italia, por ejemplo, hasta octavo año básico no hay notas y un alumno pasa de curso según su madurez y esfuerzo. "Acá, pasan con la calculadora: si tengo un rojo en tal ramo, pero tengo 5 en los otros; si tengo dos promedios rojos, pero un 6 en otro. No pasan por lo que saben", dice Donia Dragutescu, italiana que lleva 23 años en el país.
Coincide su compatriota Francesco Tarozzi: "Los papás están dispuestos a todo por la nota. Y tienen razón: como las calificaciones cuentan para la universidad, una décima puede cambiar el futuro de sus hijos. Si yo fuera padre acá en Chile, también pelearía por la décima".
"En reuniones hemos hablado de la importancia de la lectura, por ejemplo, pero los padres no se muestran interesados, lo único que les preocupa es la nota", agrega Freddie Russel-King, del Saint Gabriel.
SOBREPROTEGIDOS
"No son autosuficientes, con ellos es difícil terminar el juego y empezar la clase", dicen los profesores alemanes Susane Dumpies y Holger Kohnen. "Son poco protagonistas de su estudio, les cuesta asumir la fatiga del trabajo y no asumen responsabilidades, la culpa siempre es de otro", agrega la italiana Alessandra Finato.
Un fenómeno que, según los docentes, es consecuencia de que los apoderados y el propio sistema escolar tienden a dar pasos en lugar del niño. Los padres escogen desde los talleres, la ropa y los amigos hasta la carrera de sus hijos.
El propio sistema escolar da poca posibilidad de elección: en la mayoría de los países europeos los niños construyen su currículo desde la básica, eligiendo deportes, ciencia, humanidades o arte.
"El hecho de que estén todo el día en el colegio, sobreprotege a los niños. En Italia, el colegio cierra a la hora de almuerzo y el deporte o el arte se practican afuera, lo que da más opciones de conocer otros mundos", dicen los italianos.
Incluso, la proliferación de los maestros particulares es una muestra de esta falta de autonomía. "Tienen la costumbre de incluir profesores particulares en vez de incentivar que el niño mejore sus deficiencias de forma individual", dice la francesa Claire Caraire.
RELACION CALIDA
"En Francia, los escolares se alegran al terminar el colegio, acá lloran en las graduaciones", dice Macarena Zelada, radicada en el país hace ocho años.
Una muestra de que todo no es tan criticable dentro del sistema escolar local. Dentro de lo positivo, figura la fuerte relación entre profesores, alumnos y apoderados. "Los estudiantes son cariñosos, amables y solidarios entre ellos y con los profesores", dicen los germanos.
Los franceses también valoran este hecho. "Los apoderados son un apoyo. En Francia, no hay vínculo entre el colegio y las familias", asegura Zelada.