25 de abril de 2008
Investigadores aclararon que se trata de un primer paso, pues una posible nueva terapia derivada de estos estudios demorará como mínimo 10 años.

Científicos alemanes probaron con éxito en ratones de laboratorio una nueva técnica para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, aunque aclararon que para que esta potencial terapia pueda aplicarse en humanos faltan al menos 10 años.
Los investigadores del Instituto Max Planck de biología celular molecular y genética informaron en la revista estadounidense "Science" que lograron inhibir con efectividad uno de los principales causantes del Alzheimer: la proteína beta secretasa.
En los ratones con Alzheimer que fueron tratados se redujo a la mitad la formación de las placas beta amiloide, una de las características distintivas de la enfermedad, en un plazo de sólo cuatro horas.
Sin embargo, el jefe del grupo de investigadores, Kai Simons, moderó las expectativas. Se trata de un primer paso, y la aplicación de una posible nueva terapia derivada de estos estudios demorará como mínimo 10 años.
Después de más experimentos con animales, en unos dos años se podrá pasar a la etapa de estudios clínicos, estima el experto. Éstos a su vez demandarán entre cinco a diez años.
Los "fragmentos proteícos agregados, llamados depósitos o placas amiloides, son los cambios más evidentes en los cerebros de los pacientes con Alzheimer", subrayó Simons.
Estas depositaciones se acumulan a lo largo del tiempo y dañan las neuronas, hasta que finalmente mueren.
"Estos depósitos se forman cuando una proteína de membrana, la proteína precursora de amiloide (APP), es cortada por la enzima beta secretasa", explicó el bioquímico. Justo en este paso del proceso se concentraron los estudios de su equipo, integrado por 13 especialistas.
El objetivo era inhibir de manera efectiva la enzima, para tratar la enfermedad o al menos reducir la velocidad de progresión de la misma.
Según Simons, las terapias actuales no atacan el sitio exacto de acción de la enzima y tienen un efecto disperso.
Por este motivo, su equipo dotó a los inhibidores de beta secretasa existentes con una especie de ancla, con la que se pueden fijar sobre partes de la membrana celular.
De esta manera, los inhibidores llegarían al sitio exacto en la célula, en la que las beta secretasas desencandenan la enfermedad.
Los primeros experimentos, realizados tanto en cultivos celulares como en organismos vivos, mostraron que estos nuevos inhibidores son mucho más efectivos que los preparados que se pueden adquirir actualmente en el mercado, dijo Simons.
En ratones con Alzheimer, en los que se logró reducir a la mitad la producción de amiloide, las terapias actuales no tuvieron ninguna efectividad.
Moscas enfermas, que ponían huevos de los que ya no se desarrollaban larvas, se curaron con la administración de los inhibidores, agregó Lawrence Rajendran, colega de Simons.
La aparición de la enfermedad de Alzheimer está favorecida con la edad. "Sólo el cinco por ciento de las enfermedades de Alzheimer están condicionados genéticamente", dijo Simons.
"También hay otros factores, que no conocemos", agregó. La actividad física y mental no pueden dañar, pero tampoco está demostrado que eviten o retarden el desarrollo del Alzheimer.
Pese a que se realizan investigaciones en todo el mundo, hasta ahora no hay cura ni un medicamento efectivo ni una verdadera terapia para el Alzheimer.
Reuters