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15 de septiembre de 2008

TENDENCIAS

Consumo de antidepresivos en menores de 15 casi se duplica en 5 años en el país

Aunque no existen cifras oficiales que midan la magnitud de este fenómeno, los especialistas coinciden en que no se trata de un sobrediagnóstico.

Daniela González


14/09/2008 - 09:45

En la sala de espera de psiquiatría hay sillones de cuero, una máquina de bebidas y otra de golosinas. Al centro, una pequeña mesita y sillas que parecen sacadas de una casa de muñecas. Las pelotas, los juguetes y los lápices de colores están desparramados en el suelo.

Nada en común con un centro psiquiátrico o una consulta de adultos. Acá se atiende a los pequeños. A niños que, cada vez más, necesitan de antidepresivos para superar un estado de ánimo desolador.

Hace cinco años las prescripciones de antidepresivos para menores de 15 años alcanzaban las 18 mil, la mitad de las que se recetan actualmente. Según IMS Health, consultora internacional que analiza el mercado farmacéutico, en Chile este año se han recetado 34 mil de estos medicamentos. Es decir, hay un aumento de 89% desde 2003 a la fecha.

¿Sobre diagnóstico? Pareciera que no. Estadísticas internacionales indican que este tipo de patologías afectan a un 4% de los niños de hasta 10 años y a un 15% de los adolescentes hasta los 18.

El Ministerio de Salud no cuenta con cifras oficiales sobre la magnitud del tema en el país, pero los especialistas coinciden en que durante los últimos años se viene registrando un aumento de los trastornos del ánimo y de ansiedad en los pequeños. Y también de la gravedad de los cuadros. Como lo dice Lilian Gómez, psiquiatra infanto-juvenil: "creemos que ha aumentado la gravedad del motivo de las consultas, tanto en niños como en adolescentes".

Livia González, siquiatra de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, concuerda. La especialista cuenta, por ejemplo, que hace unos cinco años recibía con suerte un caso al mes de un trastorno de conducta, como el autismo. Hoy recibe dos o tres a la semana. E incluso más, la psiquiatra comenta que antes era rarísimo ver un caso de intento de suicido en un niño de menos de 10 años, pero ahora ha visto varios: "antes jamás de veía eso en los pequeños. Eso era cosa de adolescentes", comenta.

En el Cituc -centro del Hospital Clínico de la Universidad Católica, que entrega información sobre intoxicaciones-, el 70% de las consultas corresponden a niños menores de 10 años. Ahí, según explica el doctor Enrique Paris, las intoxicaciones por sobreconsumo de antidepresivos crecieron de 7% a 17% en la última década.

"QUIERO DESAPARECER"

Marcos (nombre cambiado) llega puntualmente a la consulta de la especialista. Lleva asistiendo ya varios meses a terapia, pero aún no logra controlar su estado de ánimo.

Con tan sólo nueve años, este pequeño ya no da más de pena y se le nota en la mirada. Si antes disfrutaba jugando al fútbol, hoy se queda en cama. Si antes ansiaba un helado, ahora tener uno en sus manos no le provoca ninguna sonrisa.

Cuando la psiquiatra le pregunta si siente que hay alguien que lo pueda ayudar, la respuesta es rotunda: "No, nadie puede ayudarme", le dice. "¿Has sentido ganas de desaparecer?", le pregunta la especialista. "Sí. Me gustaría hacerlo en la noche, para que mis papás no se den cuenta", responde él.

La especialista relata: Cuando él hace una tarea piensa que la ha hecho pésimo, que no sirve para nada, que si hizo algo bueno fue por suerte, que es malo, que es tonto, que es feo. Que si recibe el golpe de un compañero, es porque se lo merece.

La única pista que hay para tanta desazón, según comenta, es una situación de rechazo materno, que viene desde el momento del embarazo. Porque, a  diferencia de la mayoría de los casos que reciben las especialistas en su consulta, este pequeño asiste a un colegio promedio, sin una alta exigencia, sus padres están casados y no tienen grandes conflictos de pareja.

En efecto, según cuentan los siquiatras consultados, la mayoría de los niños que llegan a terapia son producto de los cambios en el estilo de vida de los chilenos.

"Hay demasiados padres estresados, muy ocupados, que tienen una menor disponibilidad de contener emocionalmente sus hijos niño", señala la doctora Gómez.

Tanto, que los trastornos del ánimo en muchos de estos pequeños son identificados por los profesores del colegio al que asisten y no por sus padres. Y en este contexto, la excesiva carga académica y las altas expectativas que ponen los adultos en el rendimiento de los pequeños son un ingrediente importante, dicen los especialistas.