1 de septiembre de 2008
Se cree que existen como 2 mil especies en el planeta, pero no existen los recursos para estudiarlas.

Preecha Jiabyu solía llevar a los turistas a remar de noche en el río Mae Klong, para que vieran los bancos resplandecer gracias a miles de luciérnagas.
Hoy sólo ve las luces fluorescentes de hoteles, restaurantes y complejos viales. Dice que tendría que remar unos tres kilómetros para poder volver a ver árboles encendidos con las criaturas mágicas de sus años juveniles.
"Las poblaciones de luciérnagas han caído 70 por ciento en los últimos tres años", dijo Preecha, de 58 años, antiguo profesor que empezó a ofrecer docenas de botes de remos para competir con las contaminantes lanchas a motor. "Es triste. Eran un símbolo de nuestra ciudad".
El destino de los insectos atrajo a más de 100 entomólogos y biólogos a la ciudad de Chiang Mai, en el norte de Tailandia, donde se realizó hace días un simposio internacional sobre "Diversidad y conservación de las luciérnagas".
Los asistentes viajaron el viernes a Ban Lomtuan, a una hora de Bangkok, para ver a la luciérnaga sincrónica Pteroptyx malaccae, conocida por sus luces rápidas y pulsantes que ofrecen el aspecto de luces de un árbol navideño.
No culpan a un solo factor, pero investigadores de Estados Unidos y Europa citan sobre todo al crecimiento urbano y a la contaminación industrial, que destruyen ambos el hábitat de los insectos.
La propagación del alumbrado artificial también podría ser culpable, perturbando su compleja conducta de apareamiento, que depende de que el macho atraiga a la hembra con su destellante abdomen.
Pero él y otros expertos dicen que necesitan datos científicos, difíciles de producir con tan pocos programas de monitoreo instalados. Hay unas dos mil especies, y constantemente se descubren especies nuevas. Muchas nunca han sido estudiadas, dejando a los científicos en tinieblas sobre las potenciales amenazas y el significado de sus destellos tipo clave Morse que señalan todo, desde amor hasta peligro.
El problema es que un insecto tan pequeño como la uña del meñique no puede ser etiquetado y rastreado como un oso o una mariposa, y su conteo es difícil porque algunas hembras viven casi siempre en el suelo o no parpadean.
Pero con poco dinero y manos para estudiar el problema, los expertos están pidiendo la ayuda de voluntarios. Sitios web como el Sondeo Científico Ciudadano de Luciérnagas, en Boston, iniciado este año, alienta a los entusiastas a reportar cambios en las poblaciones de luciérnagas de su vecindario.
"Los investigadores esperan que esto nos ayude a seguir la pista de poblaciones de luciérnagas durante muchos años para determinar si se mantienen estables o están desapareciendo", dijo Christopher Cratsley, experto del Colegio Estatal Fitchburg, en Massachusetts, quien actuó como consultor del sitio que operó el Museo de Ciencias de Boston.
Los científicos reconocen que la urgencia de medir a las luciérnagas no se equipara con las de los osos polares o los tigres siberianos. Pero insisten en que las luciérnagas son como "canarios en la mina de carbón", en términos de comprender la salud de un ecosistema.