latercera.cl

14 de abril de 2008

NEGOCIOS

Puchi: Hay que reordenar la industria y relocalizar las concesiones en áreas más grandes

A la cabeza de la mayor salmonera nacional y una de las más grandes del mundo, Víctor Hugo Puchi analiza la crisis que atraviesa el sector, a la luz de los cuestionamientos publicados en The New York Times y el brote de enfermedades que causa alarma en los productores locales.

Soledad Pérez y Valeria Ibarra


13/04/2008 - 09:47

Un ejecutivo en Miami alertó a Víctor Hugo Puchi sobre el artículo del New York Times que cuestionó duramente a los productores de salmón chilenos. "¡Otra vez!... Eso fue lo primero que pensé. Y aunque me sorprendió, lo entiendo como el costo de estar en una industria global", dice el presidente de AquaChile, la mayor operadora local y la tercera a nivel mundial.
Después de eso, vinieron las reacciones. La cadena americana Safeway suspendió las compras de salmón chileno y se supo que la autoridad sanitaria de EE.UU. tenía programada una visita inspectiva para fines de abril.
Pese a todo, Puchi luce tranquilo. Dice que el sector ha pasado tiempos peores, como la acusación de dumping, hace una década, cuando la industria estaba lejos de la consolidación de hoy.  "Entonces no sabíamos qué terreno pisábamos.  Ahora sí sabemos dónde estamos", afirma.
Y lo toma como un desafío. Admite que si bien se han hecho esfuerzos, se han cometido errores en la forma de comunicar los logros del sector. "A lo mejor lo hemos hecho mal o no hemos dado con la forma correcta. Ese es parte del trabajo en que estamos", afirma, pero agrega que la incorporación de César Barros al gremio "ha permitido una mayor objetividad en el planteamiento de los desafíos de la industria y ha creado nuevas redes con el mundo académico y político".
Se les acusa de falta de control sanitario y de causar graves efectos en el ecosistema. ¿Por qué, si se someten a estándares internacionales altos, siguen las críticas?
En las críticas hay verdades y mentiras o verdades a medias. Nos comparan peyorativamente con estándares noruegos, omitiendo el aporte hecho por los chilenos en el desarrollo de productos de valor agregado, con un fuerte impacto en el empleo regional. Y se insinúa que prácticamente estamos en la ilegalidad y eso no es cierto.
Se les cuestiona el hacinamiento. ¿Esa también es una verdad a medias?
Comparativamente con Noruega tenemos una mayor concentración de centros de cultivo. Hay áreas de producción, en particular en Chiloé, donde la densidad es más alta. Y la distancia entre los centros  es menor. Eso, dado el tamaño alcanzado, nos expone a un riesgo mayor para controlar los brotes de enfermedades. Por eso hemos planteado a las autoridades la urgente necesidad de adecuar el marco regulatorio a esta nueva realidad.
¿En qué sentido? 
En el caso de la XI y XII regiones, debemos abordar el crecimiento aprendiendo de la experiencia en la Décima Región, elaborar rápidamente una nueva norma de distanciamiento y consolidar áreas más extensas en manos de una sola empresa, para que el control sanitario sea eficiente. Así, cada empresa gozará de los beneficios de su buen manejo y asumirá, ella misma, los costos si lo hace mal.
¿Qué sugiere hacer?
Tenemos que reordenar la industria y crear mecanismos para relocalizar las concesiones en áreas de manejo más grandes. La revisión de la regulación debe hacerse para el futuro, no sólo para una coyuntura, garantizando la sustentabilidad de la industria. Habrá que crear sistemas de incentivos para que abandonemos zonas muy densas y que éstas sean reemplazadas por otras nuevas que se definan.
¿Hay consenso en la industria al respecto?
No todos estamos en la misma postura. Hay productores que tienen concesiones más diversificadas que otros y por lo tanto están en mejor posición. Habrá que buscar soluciones con altura de miras y generosidad. Por lo pronto, el diagnóstico está hecho y el nivel de urgencia del cambio está gatillado por los problemas que estamos enfrentando.
¿La nueva distribución geográfica traerá un ajuste?
Habrá una fuerte tendencia a una mayor consolidación y a que se creen nuevas alianzas entre las distintas salmoneras, para así formar operadores más grandes, ganando eficiencia y eficacia para enfrentar los desafíos productivos.
Si no se hacen cambios ¿se va a afectar la industria?
Si no reaccionamos urgentemente, modernizando el marco regulatorio, nuestra industria se verá afectada. Y eso nos preocupa, no sólo por nuestro negocio, sino que también por el impacto social y económico en nuestras regiones.
¿Está reconociendo que el sector ha cometido errores en su desarrollo?
No hay que ver esto desde el punto de vista de las culpas o los errores. Si tenemos que hacer una reingeniería territorial, de distancias mínimas, de barreras sanitarias, de nuevas restricciones a la importación de ovas o de cómo se tratan las mortalidades o qué plantas de tratamiento tener en nuestros centros de proceso, seguiremos haciéndolo conforme al dinamismo permanente que ha tenido esta industria. Adaptarnos a los cambios es de la esencia de un negocio basado en la biología y que enfrenta mercados globales.
REGLAS DEL JUEGO 
"Es imposible no cometer errores cuando se trata de una industria como esta. Siempre ha habido una disposición de nuestra parte a aprender de los errores y corregirlos", dice Puchi.
¿La industria reconoce que algunas de sus prácticas no han sido adecuadas?
Las reglas del juego hay que revisarlas conforme al nuevo tamaño de la industria y al nacimiento de nuevos cultivos marinos, que necesitan también su espacio. Ese es el punto. La convivencia con la industria turística hace aún más sensible el impacto visual y en las basuras efectivamente tenemos una tarea pendiente. Todas las industrias estamos expuestas a que no haya actores que hagan bien su pega. En eso tenemos que ser abiertos, reconocerlo e idear sistemas para mejorar.
¿Sienten que han sido estigmatizados?
Yo soy ganadero y el test que tengo que pasar en mi zona es mucho más bajo como ganadero que como salmonero. Somos una industria nueva, tenemos que legitimarnos en la región y nos pasan muchas cuentas que a otros no. Además, desde el punto de vista político, siempre es rentable echarle la culpa a las industrias más grandes y visibles. Y en ese sentido, somos más vulnerables.

EL DÍA