14 de agosto de 2008
La docente María Eugenia Darrigrande (40) escribió una carta que dirigió a sus pares del colegio donde trabajaba. Asegura que el estudiante que la denunció tenía graves problemas familiares y que intentó ayudarlo. Además, dice que el menor manipuló su celular, lo que explicaría los mensajes de texto descubiertos por la policía.

"Soy inocente de todo cargo. Quizás mi única falta fue la de haber sido demasiado buena, demasiado bondadosa con quienes no lo merecían". De este modo, la profesora María Eugenia Darrigrande, intentó explicar ante sus pares del liceo donde trabajaba, las acusaciones que hoy la tienen en prisión como imputada de abusos sexuales a un menor. La carta, titulada "Defensa", fue entregada ayer a La Tercera por la familia de la docente:
"Yo, María Eugenia Darrigrande, escribo algunos antecedentes de mi vida profesional. Aún ignoro cuál es la denuncia que se ha presentado, pero quiero expresar lo que siento".
"Tengo una trayectoria de 14 años, con cursos de perfeccionamiento, los que me valieron ser nombrada jefe de UTP. También soy profesora jefe del sexto "A". Son varias las generaciones de alumnos a las que he ayudado a formar y nunca hubo queja".
"En muchas ocasiones mi familia hizo notar como un defecto, pero que yo sentía que era una cualidad, mi excesiva sensibilidad ante los problemas de mis alumnos. Nunca cerré las puertas para escucharlos, aconsejarlos y solucionar aquello <que los hacía sufrir".
"El alumno (S. J.) tiene buen rendimiento, pero este año (2007), producto de graves problemas familiares, debió ser derivado a la sicóloga por su mala conducta. Ella informó que se había entrevistado con el padre, que había quedado como apoderado".
"Mi visión es que el alumno tiene una personalidad cambiante, extrovertido, sociable y líder del curso. En agosto me informó que había tenido un problema familiar grave. La abuela paterna lo había echado de la casa por ser insolente con el abuelo (...). Lloraba constantemente".
"Preocupada por su salud empecé a comunicarme con su madre vía e-mail. Ella me informaba que el padre no quería saber nada del niño. Su conducta empezó a empeorar. Se arrancó de clases y los padres no comparecieron cuando fueron citados".
"La última vez que el alumno se acercó a mí para pedirme consejo fue el 23 noviembre, me contó que la situación entre sus padres era insostenible. Que él iba a hacer una grande con tal de unirlos.
"No sé qué es lo que se pretende. Da la impresión de que existe una maquinación malévola. Sé que lo que se decida no está en mis manos. En este momento confío en la justicia divina, en primer lugar, y también me apoyo en mi conciencia que no tiene nada que reprocharme".
"Yo, como madre de una hija universitaria, que es mi orgullo, nunca le daría a ella el dolor de saber que su madre pudiera haber cometido un acto incorrecto, y tampoco a mis padres que siempre me han apoyado. Creo que lo que se está haciendo conmigo es mucho peor que una agresión física, pues afecta mi honor como persona y profesional. Mi única falta fue preocuparme por mis alumnos y creer que lo más importante en la práctica de la docencia eran la abnegación y la comprensión".