19 de junio de 2008
Dificultad para relacionarse con otros aparte de sus familiares directos, escasas posibilidades de encontrar trabajo son las principales falencias detectadas.

En el año 2000, el ministerio de Salud anunció la aplicación del nuevo Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría, el cual está orientado a contribuir con la inserción social y laboral de las personas con discapacidad mental, en sus familias y comunidades.
Esto a raíz de la experiencia internacional y al avance en las medicinas que permiten un mejor nivel de vida de los pacientes y evidencian una importante mejoría frente a los "institucionalizados". De esta forma, se comenzó una fuerte reducción de los cupos en los hospitales psiquiátricos y se abrieron los Centros de Rehabilitación Psicosocial (CRPs) y otros establecimientos de atención ambulatoria.
Con el propósito de conocer cómo ha resultado la aplicación de este plan nacional, los académicos de la Universidad Central, Arístides Giavelli, Andrés Cabrera y Félix Navarro realizaron una investigación destinada a detectar las "Necesidades de Integración Social (NIS) de los discapacitados psíquicos" en la que se estudió la situación, dificultades y obstáculos de los usuarios de los Centros de Rehabilitación Psico-social (dependientes del Servicio de Salud Metropolitano Oriente) y la impresión de sus familiares.
El estudio determinó que el nuevo modelo ambulatorio, si bien resulta relativamente eficiente en el aspecto médico (un 82% de los "usuarios" se declara satisfecho con los recursos farmacológicos y profesionales, y un 86% valora la contención que recibe de los profesionales), existe una importante necesidad de integración social no resuelta.
Así, el 66% de las usuarias mujeres consultadas afirma tener una alta y mediana alta necesidad de integración social, lo mismo ocurre con el 59% de los usuarios varones, lo cual es avalado por el 53% de los familiares que los lleva a estos establecimientos.
Además, evidenció que sólo una pequeña parte (en torno al 10% del total estimado para esta zona), de los enfermos se atiende en este tipo de establecimientos (estatales o municipalizados), y se desconoce si el resto recibe algún tipo de atención y dónde, demostrando así que un sector importante de los niños, jóvenes, mujeres y senescentes, no aparecen vinculados a estos servicios.
"Esta investigación, aporta metodológicamente con la creación de un instrumento cuantitativo para la medición de las necesidades de rehabilitación psico-social, sociolaboral, tratamiento clínico y psico-educación que presentan tanto los usuarios de los centros de rehabilitación social como sus familiares o cuidadores. De modo que en un futuro cercano pueda ser complementada con otras investigaciones con el fin de ir mejorando el actual sistema de atención", señala Arístides Giavelli, a cargo de la investigación.
Los encuestados son personas adultas diagnosticadas principalmente con esquizofrenia (68%) y bipolaridad (sobre el 10%), que en general llevan un máximo de un año asistiendo el centro de rehabilitación psicosocial (54%) y tienen en un 44% estudios de educación media completa. De los usuarios consultados, el 64% son varones y el 36% mujeres, los cuales se agrupan en forma mayoritaria entre los 38 y 49 años.
La integración social es otra de las áreas más débiles registradas por el estudio. Más del 50% de los pacientes hombres y cerca del 80% de las mujeres indica requerir algún grado de habilidad comunitaria y más del 90% en ambos sexos dice tener carencias en sus capacidades de establecer relaciones interpersonales. Además, señalan tener dificultades relativamente medias en el uso del tiempo libre y afirman no tener dificultades en el autocuidado y quehaceres domésticos.
El estudio arrojó que un 57% de los familiares no cuenta con un adecuado conocimiento del diagnóstico de su pariente, junto a un 63% que no cuenta con las herramientas para hacer frente a situaciones estresantes y angustiosas, facilitando el aislamiento social del grupo familiar completo, obstaculizando la generación de redes de apoyo que podrían facilitar o aliviar la experiencia de convivir con un familiar con conductas y comportamientos diferentes a los acostumbrados.