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5 de noviembre de 2008

MUNDO

Opinión de Lluís Bassets: La fallida apuesta neocon

Karl Rove, el mago electoral de Bush, quiso organizar un realineamiento electoral que diera mayoría a los republicanos conservadores. Pero ahora lo que se está produciendo es un realineamiento de signo contrario.


05/11/2008 - 09:30

No hay desacuerdo acerca de la fecha. El 4 de noviembre de 2008 marcará un antes y un después. El desacuerdo es acerca de su rango, en relación con fechas relativamente recientes que hemos señalado como históricas en nuestra memoria: el 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos se sintió vulnerable y su Presidente decidió convertirse en un jefe de guerra; el 9 de noviembre de 1989, cuando el muro de Berlín dejó de separar las dos Alemanias y empezó el fin del sistema comunista. Más inalcanzable es saber la etapa que se abre, por más que creamos contar con datos acerca de los nuevos aires que soplan.

Respecto del pasado, el debate entre historiadores y cronistas está ya servido: para unos, es meramente el final de la presidencia de Bush, para otros, el de una larga era conservadora que se identifica con la llegada de Reagan a la presidencia en 1980. Hay incluso quien piensa que hay que retrotraerse unos años antes, a la presidencia de Richard Nixon (1969-1974). Dos importantes trabajos historiográficos acompañan esta polémica, de forma que en sus propios títulos queda reflejada la tesis que defienden: 'La Época de Reagan. Una historia, 1974-2008', de Sean Wilentz (Harper Collins), y 'Nixonlandia', de Rick Perlstein (Scribner).

Esta época conservadora tan prolongada ha funcionado electoralmente bajo la hegemonía de una coalición entre los republicanos moderados de los negocios de la costa Este, el conservadurismo social de la derecha religiosa del cinturón bíblico y el conservadurismo militar construido durante la guerra fría. Esta coalición no hubiera sido posible sin la transferencia de voto blanco de los demócratas a los republicanos en los estados del sur, de una parte, como reacción a las leyes contra discriminación racial de los años 60, impulsadas sobre todo por el Presidente demócrata Lyndon Johnson, y de la otra, en las zonas industriales clásicas, sin la mutación de la clase obrera blanca, como ha ocurrido también en Europa, donde la globalización suscita reacciones de ley y orden, populismo fiscal y sentimientos contra la inmigración.

Pero lo más curioso ha sido la finta que la historia le ha hecho al Partido Republicano y sobre todo, a los neocon. Karl Rove, el mago electoral de Bush, quiso organizar un realineamiento electoral que diera la mayoría en todas las instituciones, incluyendo las judiciales, al republicanismo neoconservador para 40 años, los que duró el New Deal de Roosevelt. Ahora puede ser que lo que se esté produciendo sea precisamente un realineamiento de signo contrario. La victoria de Obama pone punto final a varias series de acontecimientos en la esfera conservadora y constituye un mentís a las aspiraciones de un nuevo impulso neocon.