6 de noviembre de 2008
El senador por Illinois representa para muchos el "sueño americano" y la gran esperanza de un país marcado por las diferencias raciales.

"No hay un Estados Unidos blanco y un Estados Unidos negro, sino los Estados Unidos de América", dijo Barack Obama en la Convención Nacional Demócrata en Boston al hablar sobre las viejas heridas raciales del país. Corría 2004 y Obama acababa de ser electo senador por el estado de Illinios. Tras su discurso, se transformó en la estrella del evento y en figura emergente de su partido. Cuatro años más tarde, este joven político de 46 años venció a Hillary Clinton luego de una larga contienda electoral para convertirse en primer candidato negro a la Presidencia de Estados Unidos.
Según él mismo proclama, su esperanza "es la de los esclavos entonando cánticos de libertad frente a la lumbre, la de los inmigrantes que emprenden rumbo a costas lejanas" y, cómo no, la de Barack, "un niño delgaducho" de padre negro y madre blanca que confió en que en Estados Unidos también hubiera un lugar para él.
Acostumbrado a navegar entre dos agua, Obama es hijo de Barack Obama Sr, un economista keniano educado en Harvard, y de Stanley Ann Dunham, antropóloga de Wichita (Kansas). Nacido en Honolulú (Hawaii) y criado entre Estados Unidos e Indonesia, conoce tanto los sofisticados pasillos del poder y el privilegio, como los barrios más desheredados de EE.UU. Ese ir y venir lo equiparon, en su opinión, "con las herramientas necesarias para tender puentes y forjar alianzas".
Su media hermana, Maya Soetoro-Ng, lo explicaba de otra manera a principios de este año en declaraciones a medios estadounidenses: "Se mueve entre varios mundos. Es lo que ha hecho toda su vida". Su adolescencia en Hawaii estuvo marcada no sólo por una destacada trayectoria escolar, sino también por años de rebeldía y contactos con las drogas.
A esos años, le siguió una selecta formación en las universidades de Columbia y Harvard, la etapa como profesor y defensor de los derechos civiles en Chicago, su elección como senador estatal, y su desembarco como senador en Washington en el 2004.
Sus dos libros autobiográficos The Audacity of Hope (La audacia de la esperanza) y Dreams from my father (Sueños de mi padre) se han convertido en superventas y dan cuenta de una de sus mayores fortalezas: La Palabra. De acuerdo al senador, nunca se percató de su poder dialéctico hasta que participó en una marcha contra la segregación racial en la universidad, y descubrió que había captado la atención de los asistentes tras empezar a hablar. "Los congregados se quedaron callados y me miraban", recuerda en Dreams From My Father. Su carrera política arrancó, curiosamente, con discursos que no conectaban bien con el público y en los que abundaban los detalles sobre sus programas.
No sería hasta 2004, durante su campaña al Senado, cuando introdujo los elementos de "esperanza, cambio y futuro" en sus ponencias y se tiñó de buenos resultados. Ayudado por su carisma, Obama se ha ganado una popularidad parecida a la de una estrella de rock, lo que le ha valido un sinnúmero de criticas por parte de sus detractores, quienes lo acusan de tener mucha "labia", pero cero consistencia. Incluso, para los observadores, "la palabra" es la mayor fortaleza de Obama, no por nada desde el año pasado se habla de una "Obamamanía", la misma que cada día lo tiene más cerca de la ansiada Casa Blanca.