11 de octubre de 2008
Siete dirigentes del PAD, encabezados por su fundador, Sondhi Limthongkul, se presentaron en una comisaría en el casco viejo de la capital, informó su abogado, Suwat Apaipak.
Los líderes de la plataforma opositora Alianza del Pueblo por la Democracia (PAD) en Tailandia se entregaron a la policía y pusieron así fin a meses de movilización popular para derrocar al gobierno.
Siete dirigentes del PAD, encabezados por su fundador, Sondhi Limthongkul, se presentaron en una comisaría en el casco viejo de la capital, informó su abogado, Suwat Apaipak.
Los activistas tenían órdenes de detención contra ellos en vigor y aceptaron rendirse después de que el Tribunal de Apelaciones les retirara ayer la acusación de sedición, por la que podían haber sido condenados a muerte o cadena perpetua.
Tampoco serán procesados por conspiración para llamar a la insurrección, desacato a la autoridad, pero el juez mantuvo los cargos de reunión ilegal y provocar a la Policía.
Las órdenes de detención fueron emitidas el pasado 27 de agosto, cuando seguidores de la alianza, alentados por sus líderes, ocuparon la sede del gobierno después de meses de protestas callejeras en Bangkok.
El pasado fin de semana, el arresto de los opositores Chamlong Srimuang y Chaiwat Sinsuwong desencadenó una nueva oleada de protestas que culminó el martes en cargas policiales que causaron dos muertos y casi 500 heridos.
Srimuang, un general retirado y antiguo gobernador de Bangkok conocido por sus profundas convicciones budistas, es una de las figuras más carismáticas de la oposición en Tailandia.
El PAD continúa exigiendo la dimisión del primer ministro, Somchai Wongsawat, al que consideran, igual que su antecesor Samak Sundaravej, un títere del ex jefe del Ejecutivo Thaksin Shinawatra, depuesto por un golpe de Estado en 2006 y huido a Londres.
Wongsawat accedió al cargo hace menos de un mes en sustitución de Sundaravej, otrora objetivo de la ira del PAD y quien se vio obligado a renunciar tras ser inhabilitado por el Tribunal Supremo.
Apoyada por la elite conservadora y algunos militares, la oposición explota la propaganda monárquica y nacionalista para ganarse la simpatía del pueblo y pretende que el venerado rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, designe un gabinete de transición, como ha sucedido en otras momentos de grave inestabilidad política en el país asiático.