22 de abril de 2008
El primer ministro británico se reunió con el Grupo Parlamentario Laborista para evitar cualquie motín entre las filas de su propio partido.
El primer ministro británico, Gordon Brown, se reunió con el Grupo Parlamentario Laborista para desactivar una posible rebelión por la decisión del gobierno de aumentar los impuestos a los contribuyentes con salarios más bajos.
El problema se centra en la eliminación de la escala más baja del impuesto sobre la renta, que pasa del 10% al 20%, y que fue anunciada por el propio Brown hace un año en sus últimos presupuestos generales del Estado como ministro de Economía. El ahora jefe del Ejecutivo laborista se comprometió entonces a que la medida no entrara en vigor hasta el año fiscal que comienza este abril.
Sin embargo, Brown ahora está en aprietos porque la decisión se pondrá en práctica en medio de una crisis financiera internacional, una enorme carestía del petróleo, el encarecimiento de los alimentos y una acentuada caída de popularidad del Laborismo en las encuestas.
En ese contexto y ante la amenaza de rebelión de unos setenta diputados laboristas que se quejan porque la medida afecta a más de cinco millones de contribuyentes, el primer ministro dijo a sus correligionarios que entiende esas inquietudes.
No obstante, Brown advirtió de que el proyecto de ley de los presupuestos, que hoy se sometió a una segunda lectura en la Cámara de los Comunes, no puede ser "derrotado" en la Cámara Baja. "Entiendo lo difícil que es cuando suben los precios de los alimentos y del petróleo. Resulta difícil (para los británicos) y lo comprendo. La gente quiere saber que entendemos sus ansiedades", afirmó el líder del partido gubernamental.
Pero con la vista puesta en las elecciones municipales del próximo 1 de mayo en Inglaterra y Gales, Brown subrayó que "tenemos la responsabilidad de escuchar y comprender lo que nos dicen, aunque todos nosotros tenemos la responsabilidad de estar unidos".
Según la cadena pública británica BBC, el ex viceprimer ministro, John Prescott, apoyó al jefe del partido e instó a los parlamentarios a no permitir que las "disputas" internas de la formación socaven la "estabilidad económica" del país. Algunos observadores políticos ya han comparado esta crisis con la del "poll tax", el gravamen local que acabó con la confianza de los británicos en la ex primer ministra conservadora, Margaret Thatcher.
EFE