26 de septiembre de 2008
Según la Ley de Derechos de 1688 el monarca británico debe ser protestante, y cualquier miembro de la Familia Real que se casa con un católico queda excluido de la línea de sucesión a la Corona.

El gobierno británico negó haber planeado poner fin a una ley de 300 años para impedir que católicos puedan acceder a la Corona y que las primeras hijas del heredero al trono logren ser monarcas.
Un portavoz de Downing Street, la residencia oficial del primer ministro Gordon Brown, subrayó que las autoridades británicas no están planeando modificar la ley de sucesión monárquica. Además, negó que Brown haya estado personalmente involucrado en dicho proceso de reforma.
El periódico inglés The Guardian informó en su edición de hoy que el gobierno pensaba introducir los cambios después de las próximas elecciones generales. Según esa versión, la reforma había sido elaborada por el parlamentario laborista Chris Byrant.
De acuerdo a The Guardian, medio que ha hecho campaña en el pasado para modificar la ley de sucesión a la Corona, el gobierno no quiere discriminar contra católicos o personas de otras religiones para ascender al trono británico.
Sin embargo, el vocero de Downing Street subrayó que realizar cambios a la ley de sucesión "implicaría procesos complejos de modificación o rechazo de artículos relacionados con la legislación, además de necesitar de la autorización de los Parlamentos de los países del Commonwealth (ex colonias británicas)".
Según la Ley de Derechos de 1688, el Acta de Permanencia de 1700 y el Acta de Unión de 1706, el monarca británico debe ser protestante, y cualquier miembro de la Familia Real que se casa con un católico o católica queda excluido de la línea de sucesión a la Corona.
Al comienzo de este año, una mujer católica que se comprometió con el nieto de la reina Isabel II Peter Phillips, tuvo que convertirse al anglicanismo antes que la pareja pudiera casarse, o su marido hubiera perdido su derecho a acceder al trono.
The Guardian informó que el gobierno también planea modificar las normativas que dan prioridad al heredero varón sobre la mujer, y permitir que una primera hija mujer del príncipe William, segundo en la línea de sucesión a la Corona, pueda convertirse en Reina de Inglaterra.
En tanto, un informe parlamentario publicado en agosto pasado advirtió que cambiar la ley "podría derivar en problemas constitucionales extremadamente complejos. Habrá problemas inherentes al tratar de deshilvanar asuntos de religión y política, que son el centro de aspectos cruciales en la Carta Magna británica", agregó.