10 de junio de 2008
Según el Presidente peruano, los comentarios de su homólogo boliviano fueron una "broma producto de una mala interpretación".

El Presidente peruano, Alan García, descartó debatir con su par boliviano, Evo Morales, bajo lo que consideró "una broma producto de una mala interpretación", pero afirmó que pretende conversar más adelante con él sobre los beneficios de los acuerdos comerciales.
"El Presidente (Morales) no ha planteado un debate, esas son 'chiquilinadas', eso es una mala interpretación periodística (...), no se trata de ir a debatir como si fuéramos candidatos", señaló García a los periodistas.
La semana pasada el mandatario boliviano invitó a García a debatir en Bolivia sobre el acuerdo comercial que Perú firmó con EE.UU., lo cual generó el rechazo de la cancillería por considerarlo un tema sobre el que Lima ejerció su soberanía.
Bolivia rechaza abiertamente un TLC con EE.UU. y también ha planteado sus reparos sobre un acuerdo de asociación con la Unión Europea, que su país negocia en el marco de la Comunidad Andina junto a Perú, Colombia y Ecuador.
García rechazó la posibilidad de que él y Morales se coloquen en un podio de debates "como luchadores de sumo, dos karatecas que se van a enfrentar, eso me parece a mí una broma". En opinión del jefe de Estado, ambos gobernantes deben conversar sobre lo que les conviene como país, sobre la manera de progresar y aprovechar los momentos para aliarse con otros países o bloques.
"Hay que reunirse en persona sobre cómo interpreta cada uno el comercio mundial y qué beneficios trae para cada sociedad", recomendó García.
Sin embargo, el mandatario peruano indicó también que es posible que Morales le demuestre que "para Bolivia no trae ningún beneficio un acuerdo con la Unión Europea, ni con EE.UU. o China (...) me parece difícil pero es posible, entonces que tome su propio camino y nosotros tomamos el nuestro, pero seguimos siendo tan amigos, por qué pelearnos o separarnos".
En sus críticas a su homólogo peruano, Morales también señaló que García está cada vez más subido de peso y "menos antiimperialista", en contradicción con su primer gobierno en el que intervino varias empresas extranjeras y aisló al país de los mercados internacionales a raíz de cuestionadas medidas política