26 de junio de 2008
En la Eurocopa de 1984, luego de derrotar a Alemania, los hispanos cayeron ante los dueños de casa, Francia.

Veinticuatro años después, España está en una final. Parece sencillo afirmarlo, pero detrás del hecho puro y duro de que el equipo de Luis Aragonés dirimirá el domingo el título de la Eurocopa 2008 con Alemania se esconden casi dos décadas y media de frustraciones constantes.
La lluvia de hoy en Viena trajo bendición para los miles de españoles en las gradas del estadio Ernst-Happel: España no sólo goleó por 3-0, sino que la mayor parte del partido literalmente borró a Rusia del campo de juego.
En 1984, en la Eurocopa de Francia, España derrotó a Alemania en semis y luego cayó en la final con la selección anfitriona, liderada por el gran Michel Platini, por 2-0. A partir de entonces, los ibéricos sucumbieron siempre ante la "maldición" de cuartos, instancia que no lograron superar ni en certámenes continentales ni en torneos mundiales.
Pero la victoria del domingo ante Italia, por penales, rompió el "embrujo" y sepultó los complejos. España comenzó a creer más que casi siempre en sí misma, y esta vez con muy buenos fundamentos, en base a una propuesta colectiva que prioriza el balón jugado al toque y con vocación ofensiva.
"¡Que viva España!", fue el clamor desde las tribunas, mientras los rusos se iban apagando en el estadio y en el campo. Ahora España, irá en busca de aquello que no logra desde hace 44 años, en su propia tierra: dar el grito de campeón.